Revés Psicológico

Si las olas avanzan hacia la orilla,
¿por qué siento que el mar me empuja hacia
dentro?


Te acaban de regalar un cochazo. Es el último modelo de esa marca con la que siempre soñaste. Una máquina increíble.

Ilusionado, le das a la llave de contacto, arrancas tu coche y… ¡¡¡aceleras!!!

¡¡¡BRRRUUUMMMMMM… BRRRUUUMMMMMM!!!

Pero… ¿qué pasa?

¿Empieza a salir humo?

Pollitortuguita: No jodas…

Percibes un olor así como… ¿a chamuscado?

El supercoche, en lugar de devorar los kilómetros, apenas se ha movido del sitio…

Lo intentas una vez más. Le das a la llave de contacto y sientes en tu cuerpo la vibración de ese rugido felino.

Metes la primera, desembragas mientras aceleras y…

…chirridos, humo negro, olor a chamusquina…

…y mucha frustración.

Pollitortuguita: ¿Qué está pasando?

Pues que el cochazo de tus sueños vino con un solo defecto de fábrica: tiene el freno atascado.

¿Buscabas la razón de tu fracaso crónico?

Enhorabuena. Ahí la tienes

Pollitortuguita: No puede ser. Yo tengo una scooter.

Tu Mejor Tú: Campeón, es una metáfora.

Efectivamente, el coche es tu propia vida. El acelerador son tus metas.

Y el freno de mano… todo aquello que no te permite querer lo que quieres en serio.

El fenómeno se llama revés psicológico y es una de las formas de autosabotaje más extendidas que existe. Lo que impide a la mayoría de los mortales, tú incluido, avanzar hacia sus metas.

El revés psicológico no te permite querer algo en serio, desearlo al 100 %.

Chica curiosa: ¿Me estáis diciendo que no quiero las cosas que quiero con toda mi alma?

Mario Luna: Eso es.

Tu Mejor Tú: Aunque pienses que sí,

no las deseas de verdad.

Lo dicho: es como pisar el acelerador y el freno de mano a la vez.

Te hace querer las cosas a medias, luchar por ellas a medias, vivir una vida a medias.

¿Por qué?

Porque:

Quizás crees que quieres algo a nivel consciente.

Pero, a nivel subconsciente, no lo tienes tan claro.

Pregúntale a Conslenta, y ella jurará que lo quieres. Pregúntale a MIA y comenzarán a aflorar razones de por qué no es así.

Pongamos que anhelas emanciparte económicamente. Trabajar porque quieres en lugar de hacerlo porque debes.

Ganar el suficiente dinero para ser completamente libre.

En principio lo quieres, ¿verdad?

Pollitortuguita: ¿Nadar en pasta? Me dirás…

Tu Mejor Tú: Pero quizás, cuando eras pequeño, a un familiar tuyo le dieron un navajazo para robarle la cartera y casi muere.

Mario Luna: O tienes un conocido rico a cuya hija secuestraron.

Pollitortuguita: Pues no… La verdad es que no.

Puede que tengas miedo a que te quieran por tu dinero.

O que cuando piensas en riqueza te venga a la mente gente con muchos ceros en la cuenta bancaria, pero vieja y sin salud.

Quizás, cada vez que imaginas la abundancia te aparezca la imagen de alguien a quien no te quieres parecer. Quizás alguien desagradable.

Chica curiosa: Bueno, eso es verdad.

Señor de los borregos: Natural. En este país, para ser rico hay que ser un chorizo.

Pollitortuguita: Ya te digo…

Mario Luna: ¿Lo ves?

Ésa es una creencia sumergida que te limita.

Pollitortuguita: Ah, sí… Lo de la creencia enterrada.

Tu Mejor Tú: Sumergida, crack.

Como recordarás, se trata de algo que crees, aunque no siempre eres consciente de ello.

Y, en el caso del revés psicológico, hablamos de una creencia sumergida limitante, que te frena sin darte cuenta.

Es lo que te impide avanzar.

Chica curiosa: Vale: acelerar con el freno de mano echado…

Mario Luna: Así es.

Inconscientemente, asocias el dinero a esta clase de cualidades.

Quizás te evoca superficialidad, materialismo o falta de libertad.

Puede que, mientras tú crees que quieres ganar dinero, MIA alimente objeciones sumergidas como que:

— Ganar dinero es de ladrones.
— Vas a tener que pagar más impuestos.
— El éxito económico implica convertirte en un esclavo de tu negocio.
— Lo van a disfrutar tus hijos, no tú.
— Los envidiosos te pondrán verde a tus espaldas.
— Te estresarás y morirás joven.
— Serás calvo y gordo.
— Te saldrán granos y arrugas.
— Te querrán sólo por el dinero.
— Tendrás que convertirte en una persona deshonesta.
— No tendrás amigos de verdad.
— Tu pareja te los pondrá con el profesor de yoga, que tú pagarás.

Pollitortuguita: Y cuando pasa eso se llama… ¿traspiés mitológico?

Tu Mejor Tú: Revés psicológico.

Chica curiosa: ¿Y me frena sólo a la hora de ganar dinero?

Mario Luna: A la de lograr cualquier cosa importante que crees que deseas con todo tu ser…

Cuando en realidad no es así.

Por ejemplo, dices que quieres tener más éxito en el amor y que te gustaría desarrollar las cualidades y habilidades necesarias para lograrlo.

Pero es probable que a nivel subconsciente creas que:

— Estudiar habilidades sociales es de personas maquiavélicas y manipulativas.
— Si quieres cambiar es porque eres alguien defectuoso o inferior.
— Vas a tener que dejar de ser tú mismo y dar la espalda a tus principios para lograrlo.
— Ser atractivo es un don con el que se nace o no.
— Plantearse esas cosas es de enfermo sexual.
— La gente se va a reír de ti cuando se entere.
— Sólo una solterona fracasada se preocuparía por ese tipo de cosas.
— Tus parejas potenciales te van a repudiar si descubren que estudias técnicas para ligar.
— Cuando salga a la luz, todas las vaginas del universo se cerrarán para ti.
— Las mujeres no necesitamos ligar. Eso es algo que surge, natural y espontáneo.

¿Lo pillas?

Una parte de ti lo quiere, pero otra…

La otra es MIA y no lo tiene nada claro. No deja de ponerte frenos, trabas. Y de darte toda clase de argumentos de por qué no puedes o debes querer eso.

Y el problema es que habla tan rápido que casi nunca eres consciente de que lo hace. Es como tener una insidiosa voz, taladrándote en todo momento, sin que ni siquiera te des cuenta.

Pollitortuguita: ¿Por eso decíais que es como una voz sumergida?

Mario Luna: Creencia sumergida, crack.

Aunque, cuando son las causantes del revés psicológico, también las llamamos objeciones sumergidas.

Otro ejemplo.

Quieres ponerte en forma, o eso crees.

Pero puede que asocies los gimnasios y los músculos a gente superficial o de bajo nivel socioeconómico. O a los esteroides y otros suplementos poco saludables.

Chica curiosa: Me declaro culpable.

Tu Mejor Tú: ¿Lo ves?

Chica curiosa: Pero es por los amigos de Pollitortuguita.

¿Lo ves?

Quizás una parte de ti siente que, si logras un buen cuerpo, la gente te va a ver más aún como un objeto y a tomarte menos en serio.

O a lo mejor simplemente intentaste ejercitarte un día y te pasaste de la raya. Ahora, cada vez que piensas en actividad física, inconscientemente percibes dolor y malestar.

No vamos a seguir. La lista de cosas que supuestamente “quieres a medias”

por culpa del revés psicológico no tiene fin.

Lo importante es que te quede claro que, a menos que lo afrontes y lo resuelvas, apenas vas a avanzar. Y, lo poco que avances, será con mucho más esfuerzo y sufrimiento del necesario.

Pues bien, ¿cómo lo haces?

Sigue tres sencillos pasos:

1. Reconocerlo (ver que tienes puesto el freno de mano).
2. Resolver la objeción sumergida (quitar el freno de mano).
3. Actuar (pisar el acelerador).

Pollitortuguita: Qué resumidito…, ¿no?

Vale, te lo explicamos mejor.

PASO 1: RECONOCERLO

Cobra conciencia de lo que te pasa. Un buen diagnóstico es la mitad del tratamiento.

Lo peor que puedes hacer es creer que quieres algo cuando en realidad hay partes de ti que no lo quieren y no darte cuenta de ello.

A menudo, MIA tiene toda clase de objeciones sumergidas. Pero, como procesa la información mucho más rápido que Conslenta, esta última rara vez llega a reparar en ellas.

Conslenta: ¿Me lo dicen o me lo cuentan?

Así que has de ayudarla a prestar atención al problema y a tomarse el tiempo que sea necesario.

Resumiendo: lo primero es mirar y darte cuenta de que el freno de mano está echado.

PASO 2: RESOLVER LAS OBJECIONES SUMERGIDAS

Escucha atentamente la voz de MIA.

Ella habla muy rápido, mucho más de lo que Conslenta puede procesar, y además lo hace como susurrando. Tan bajito que, a menos que prestes mucha atención, no vas a entender lo que dice.

Pollitortuguita: ¿La voz sumergida?

Tu Mejor Tú: Sí. Su objeción sumergida.

La buena noticia es que MIA suele repetir las mismas cosas una y otra vez. Si crees que se ha callado, no tienes más que volver a pisar el acelerador en esa dirección y preguntarte:

¿Por qué no me apetece?

¿Por qué siento que no tengo toda la ganasolina que podría tener?

¿Qué está fallando aquí?

Con práctica y tiempo, te harás cada vez mejor reconociendo estas objeciones que MIA susurra constantemente en tu cabeza a la velocidad del rayo.

¿Recuerdas lo que aprendiste en “Intención positiva”?

Chica curiosa: Sí.

Mario Luna: Dijimos que había que entenderla, ¿verdad?

Pues todo ese rosario de objeciones que MIA recita como un taladro… ¡¡también tienen una intención positiva!!

Chica curiosa: Vale, entonces tengo que complacer esa intención de una forma que me beneficie a la larga, ¿no?

Tu Mejor Tú: Correcto.

Reconoce dicha intención, entiende bien cada objeción y dales respuestas satisfactorias.

Por ejemplo, si se trata de dinero, pregúntate:

¿Qué ventaja o beneficio obtengo de no ganar lo que me gustaría ganar en este momento?

En este capítulo te hemos dado muchas posibles razones. Pero a lo mejor el beneficio es algo tan tonto como que piensas que, para ganar más, tendrías que dedicarle menos tiempo a cocinar y no podrías comer tan sano.

O que no te permitiría pasar tiempo con los tuyos.

Una vez tengas claras esas objeciones sumergidas, comienza a buscar respuestas que resuelvan la objeción.

Busca, de forma deliberada y consciente, soluciones que vayan minando, una a una, esas creencias limitantes.

Si, por ejemplo, una de las objeciones es que la gente con músculos tiene poco cerebro, empieza a investigar en busca de personas que pulvericen dicha creencia.

Pollitortuguita: Bueno, la verdad que en mi barrio…

Mario Luna: Hay vida más allá de tu barrio, Pollo…

Pregunta a la gente. Surfea internet. Sal a la caza de científicos, artistas, emprendedores y genios con un cuerpo de gimnasio.

Cuando te quieras dar cuenta, habrás dado con alguno que sea un genio de la medicina o que haya demostrado ser un crack en los negocios. Quién sabe, quizás encuentres a algún musculitos que haya llegado a gobernador de algún estado.

Pollitortuguita: Es verdad… A Terminator lo nombraron alcalde de algo, ¿no?

Tu Mejor Tú: Sí, de un pueblucho conocido como California…

Una vez tengas ejemplos perfectos, imprime una foto y cuélgala en tu nevera. O úsala de salvapantallas.

Para convencer a MIA, esa clase de evidencias palpables pesan mucho más que cualquier razonamiento lógico.

Chica curiosa: Entiendo. Nada como algo visible, tangible y que vaya directo a la emoción.

Tu Mejor Tú: Así es.

Las objeciones sumergidas de MIA se derriten literalmente ante esta clase de pruebas.

Con esto, estamos quitando el freno de mano.

PASO 3: ACTUAR

Una vez has resuelto en el plano mental todas las objeciones, te corresponde hacerlo en el mundo real…

¿Cómo?

Moviendo ese culo.

Así comprobarás qué fallos tenía tu argumentación teórica, porque te garantizamos que los tendrá. Detectarlos es parte del juego. Al igual que ir puliéndolos en un proceso de mejora incremental conocido como…

Tu Mejor Tú: ¿Pollitortuguita? ¿Chica curiosa?

Pollitortuguita: ¡¡Kaizen!!

Chica curiosa: ¡¡Kaizen forever and ever and ever!!

Pollitortuguita: Prima, ¿por qué no me dijiste que te habías apuntado a japonés?

Señor de la desmotivación: Si tan sólo pudiese hacerte entender lo merluzo que eres…

Pollitortuguita: ¿Cómo?

Olvídalo. Y piensa en kaizen.

Te lo enseñamos muchos capítulos atrás por una razón: puedes aplicarlo a prácticamente casi todo.

Pero eso sólo lo puedes hacer cuando vas a por ello.

Así que, despega —metafórica o realmente— ese culazo de donde quiera que lo tengas adherido y avanza hacia esas metas que te acercan cada vez más a tu visión.

Con el freno desbloqueado en el paso anterior, ahora sólo te resta…

¡¡Pisar el acelerador!!

Señor de las excusas: Demasiado bonito me lo pintáis…

Señor de la desmotivación: Dudo que funcione tanto.

Señor de la superstición: Pues yo sí te vendo dos soluciones mágicas por la mitad de este libro.

Mario Luna: Evidentemente, las fricciones nunca desaparecerán de golpe.

Tu Mejor Tú: Ni por completo.

El revés psicológico no es algo de lo que te vayas a librar, sólo una limitación que te vas a divertir poniendo a régimen.

Chica curiosa: O sea, queremos adelgazar al revés psicológico…

Sí.

Lo vas a hacer más y más delgadito para que, cada día que pase, ocupe menos superficie en tu vida y deje más espacio a tus sueños.

Chica curiosa: Vale, entonces no me frustro si no lo elimino por completo…

Tu Mejor Tú: No. El revés psicológico es parte de nuestra naturaleza.

Lo importante es que, cuando experimentes fricciones al ir a por algo, entiendas que esas fricciones te están indicando la existencia de objeciones sumergidas.

Pollitortuguita: Las que sirven de alimento al revés psicológico, ¿verdad?

Mario Luna: Sí, y tú vas a ir detectándolas y debilitándolas más y más…

Así que aplica el ciclo de los tres pasos cada vez que sientas que el revés psicológico te frena.

Y, más que verlo como un remedio definitivo, concibe esta práctica como un hábito saludable que te interesa incorporar en tu forma de afrontar los retos.

Pollitortuguita: O sea, que tengo que hacer muchas repeticiones…

Tu Mejor Tú: Sí, figura. Es un juego que jugarás de por vida.

Mario Luna: Una vez completado dicho ciclo, lo reiniciarás una y otra vez.

Chica curiosa: ¿Como una espiral?

Así es.

Al adquirir dicho hábito, generarás un círculo virtuoso o espiral de mejora constante.

Usando nuestra terminología, una espiral kaizen.

Y espera morder el polvo más de una vez. No olvides que el revés psicológico es un elemento tan esencial de la naturaleza humana como respirar o hacer de vientre.

Al igual que ocurre con el cuerpo, con tu alma lo importante no es convertirte en un ser divino cuya existencia no genera excrementos.

Lo importante es que la mierda no se quede estancada.

Señor de los borregos: ¿Era obligatorio ser tan soez?

Tu Mejor Tú: ¿Te violenta?

Señor de las excusas: Podrías jurarlo.

Mario Luna: Entonces, lo estamos haciendo bien.

A veces, una lección ha de violentar.

Chica curiosa: ¿Para qué?

Mario Luna: Para alcanzar a MIA.

PDE-ML

 

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