Congruencia

¿Y si inviertes en construirte, el tiempo y la
energía que dedicas a fingir?
Tu vida necesita ladrillos, no humo.

¿Qué haces cuando estás solo?

Respondas lo que respondas, la contestación es incorrecta.

Pollitortuguita: ¿Cómo puede ser eso?

Porque nunca estás solo.

MIA: No hace falta que te diga más, ¿verdad? Imagina lo siguiente.

Te hallas sumergido en ese proyecto que puede cambiarte la vida.

Justo en ese momento, llega el mensajero con un paquete que llevas tiempo esperando.

Ilusionado, lo dejas sobre la mesa.

¿Y ahora qué?

Tienes dos opciones.

Puedes abrirlo. O puedes dejarlo hasta la próxima pausa y seguir remando hacia tu meta:

Señor de la distración: ¿Pero qué tontería es ésta? ¡Ábrelo!

Señor de la procrastinación: Claro, llevas tiempo esperándolo.

Tu Mejor Tú: Sin embargo, ¿qué mensaje le estás enviando a MIA si lo abres?

Chica curiosa: ¿Que mi proyecto no es tan importante?

Tu Mejor Tú: Exacto.

No es sólo que el contenido de dicho paquete pueda distraerte y apartar tu mente de lo que estabas haciendo.

Hay un peligro mayor todavía: el efecto que desviarte va a tener sobre tu autoconcepto.

Señor de los borregos: ¡Oohhh! ¡Cuidado! Le va a decir a MIA que eres la clase de persona…

¡Que cuando le llega un paquete lo abre!

Señor de las excusas: Trágico. Muy trágico…

Tu Mejor Tú: Tu sarcasmo puedes dejártelo para los atrapados.

Mario Luna: Porque a los ganadores que leen este contenido no se les va a pasar por alto lo más importante.

Pollitortuguita: ¿Y qué es eso?

Mario Luna: Su coste de oportunidad.

Míralo de otra forma:

¿Qué le transmites a MIA si, en lugar de abrir el paquete, te limitas a dejarlo sobre la mesa y seguir trabajando en tu proyecto?

Le estás diciendo dos cosas:

1. Ese proyecto es importante para ti.

2. Eres la clase de persona que deja el paquete por un sueño.

En otras palabras, se te está presentando una ocasión de oro para forjar un autoconcepto ganador.

Cuando abres el paquete, no es tanto lo que pierdes como lo que dejas de ganar.

Puedes renunciar a esa victoria, pero ¿por qué? ¿Por qué no abrazar la oportunidad y enviarle ese poderoso mensaje a tu inconsciente?

Si haces esto a menudo, si le dejas claro una y otra vez que eres de los que dejan el paquete, ¿crees que MIA va a poder tratarte igual?

Pollitortuguita: ¡Guaauuuu! ¡Qué escalofrío!

Amazona de Confort: ¿Qué te pasa, niño?

Tú Mejor Tú: Acabas de vislumbrar tu potencial, ¿verdad?

Pollitortuguita: Sí. Y me ha dado vértigo.

Buena señal.

¿Te acuerdas del capítulo “Vive tu credo”?

En él te hablamos del valor de la congruencia para diferenciar las ideas valiosas de las que no lo son. Te explicamos que es fundamental ser congruente para experimentar un verdadero aprendizaje.

Lo que queremos recalcarte ahora es que, además:

La congruencia es la principal herramienta para reprogramar a MIA.

Es tu forma de decirle: “MIA, estoy preparado para afrontar los desafíos de un líder de la tribu”.

Pues ya sabes que, a menos que te quieras lo bastante como para elevar tu autoconcepto a la altura de tus sueños, MIA va a temer por tu fuerza. Y si no te considera lo bastante fuerte, te va a dar respuestas dirigidas a protegerte más que a realizar tu potencial.

Chica curiosa: Entiendo. Va a priorizar la supervivencia sobre el éxito.

Exacto.

Porque ella puede suministrarte una avalancha de recursos. Más de los que necesitas.

Pero no quiere que te fundas.

Pollitortuguita: ¡Ni que fuera una bombilla!

Mario Luna: Por un momento, imagina que sí lo eres.

Pollitortuguita: ¿Una bombilla?

Sí.

¿Qué pasa cuando a una bombilla de 45 vatios le suministras una corriente muy superior?

Pollitortuguita: Que peta.

Tu Mejor Tú: Pues lo mismo ocurre contigo y con MIA.

MIA puede suministrarte tanta corriente como tú le pidas, pero debe verte preparado. O sea, lo bastante fuerte.

Chica curiosa: ¿Como si hubiese creencias que son demasiado intensas?

Mario Luna: Sí. Por eso, a menos que te considere fuerte, no va a dejarte que las adquieras.

Ya has visto que, para ella, permitir que creencias demasiado ganadoras formen parte de tu autoconcepto es un enorme riesgo.

Pollitortuguita: Sí. El dichosito autoconcepto…

Señor de los borregos: Eso es una magufada, chaval. No te creas nada.

Señor de las excusas: Pretenden que trabajes tu autoconcepto como quien se labra su campo.

Amazona de Confort: Pero… ¿ves el campo? Yo tampoco.

Señor de la desmotivación: Ni necesidad alguna de dejarte la piel en cosas que no puedes ver ni tocar.

Mario Luna: Tranquilos. El mundo está plagado de gente así.

Pollitortuguita: ¿Así? ¿Cómo?

Gente que persigue resultados inmediatos sin trabajar su autoconcepto.

O peor: a costa de éste.

¿Te suena esto?

Ser > Hacer > Obtener.

Chica curiosa: Sí. Hablamos de ello en “Altruismo egoísta”. – Repasa el capítulo –

Pollitortuguita: Prima pero ¿cómo pilotas tanto?

Chica curiosa: Apuntes. Tomo apuntes.

MIA: ¿Sabéis lo que eso me dice a mí?

Chica curiosa: Que soy alguien que va en serio.

Justo.

En cambio, ¿qué hace la mayoría de los atrapados?

Quieren perder esos kilos antes de ser personas que entrenan y que se cuidan.

Se preguntan cómo atraer al amor de su vida en lugar de cómo convertirse en personas atractivas.

Desean ese puesto de trabajo sin hacer lo necesario para percibirse como profesionales competentes.

O juegan a la lotería cuando lo que deberían estar haciendo es cambiar su mentalidad y actitud de pobres.

Pollitortuguita: ¿Es eso la falta de congruencia?

Tu Mejor Tú: Sí, crack.

Mario Luna: Cuando lo que haces no está en sintonía con lo que quieres conseguir, no eres congruente.

Cada vez que inviertes tiempo y energía en conseguir algo sobre lo que no tienes poder alguno o que no está alineado con tu visión, estás siendo incongruente.

Siempre que actúas de forma distinta a como lo haría la persona en la que te quieres convertir, también.

¿Quieres una vida de ganador? Pues empieza por trabajarte un autoconcepto de ganador.

Es decir, aplica la jerarquía:

Ser > Hacer > Obtener.

Céntrate en ser un ganador, haciendo lo que hace un ganador. Sólo entonces tendrá sentido que te plantees obtener lo que obtiene un ganador.

Porque, por mucho que tanta gente le quiera darle la espalda, es un hecho:

MIA no te va a dejar brillar por encima de tu autoconcepto.

Y lo sabes.

Sabes que va a hacer lo posible para que no ganes ni un euro por encima de lo que establece tu autoconcepto. No va a entender que goces de mayores índices de salud o energía. Y tampoco va a permitirte que ligues más o muestres más confianza de la definida por él.

Te limitará. Filtrará creencias. Sacará lo peor de ti.

En definitiva, no va a permitirte acceder a todo ese potencial que, aunque poderoso, ella estima que podría hacerte daño.

Señor de la superstición: Pero para eso ya están la visualización, las afirmaciones, la autohipnosis…

Pollitortuguita: ¿Para cambiar el mismoconcepto?

Señor de la superstición: Y sin esfuerzo.

Pollitortuguita: Pues esto mola, ¿no?

Chica curiosa: Primo, ¿recuerdas la diferencia entre remediativo y generativo?

Tu Mejor Tú: Parches, figura. Parches…

Discúlpanos por machacártelo tanto, pero es que no queremos que te quede el menor resquicio de duda.

Asúmelo de una vez.

Aunque podría alterarse pasajeramente, no vas a lograr ningún cambio duradero en tu autoconcepto simplemente repitiéndote gansadas frente al espejo o realizándote anclajes de PNL.

Puedes tirarte un año repitiendo: “Gano un millón de euros al año”, o: “Los pibones más sexys del mundo están por mí”, o: “Ese hombre va a pedirme matrimonio”.

¿Quieres recitarlo hasta marearte y perder el conocimiento?

Fantástico, pero tu autoconcepto no va a cambiar por eso.

Y si lo hace, será sólo de forma pasajera.

Señor de la superstición: Envidia. Os fastidia que haya técnicas tan poderosas. Por eso estáis en contra de ellas.

Mario Luna: En realidad, estamos a favor.

Tu Mejor Tú: De hecho, las practicamos a veces.

Tu Mejor Tú: Pero sólo mientras las respaldamos con toneladas de congruencia.

Para que nos entiendas, todas estas estrategias están bien. Pero:

Las técnicas de reprogramación mental no escriben sus instrucciones con tinta. Lo hacen con lápiz.

Por eso, no ser congruente con ellas es como escribir en tu mente subconsciente:

“Soy x”, “Tengo x cualidad”, “Gano x cantidad…”

Y acto seguido coger una gran goma de borrar y…

Lo ves, ¿verdad?

Incluso aunque cuentes con “razones objetivas” para creerlo, no basta. No hay argumento o razonamiento que pueda convencer a MIA definitivamente.

Razonar te ayuda a creer con la razón, no desde el corazón.

Te ayuda convencer a Conslenta. Pero aún te falta llegar a MIA.

Chica curiosa: Entonces, si me mentalizo con que soy capaz de algo, ¿no lo estoy haciendo bien?

Conslenta: Es sólo un paso, hijita… Pero “mentalizarse” no es suficiente.

¿Entiendes?

No basta con tener una creencia racional o consciente. Esa creencia no se va a manifestar en tus comportamientos automáticos hasta que no cale en el subconsciente.

Porque, como ya has aprendido:

Las creencias que te transforman son las creencias sumergidas.

Pollitortuguita: Prima, ¿puedes mirar los apuntes?

Chica curiosa: Son creencias que no sabes que tienes, pero que se manifiestan en tus emociones y forma de comportarte.

No te preocupes, es un tema recurrente.

Lo más importante es tener claro que, en cuestión de creencias, el verdadero control lo tiene MIA.

Por eso lo que crees que crees y lo que crees realmente son cosas distintas.

A lo mejor te cuentas a ti mismo que eres atractivo. Si alguien te pregunta, dirías: “Sí, me considero atractivo”.

Pero a la hora de la verdad, tus emociones y reacciones no son como las de una persona que sí se siente atractiva.

Pollitortuguita: Que me lo digan a mí.

De hecho, puede que te cueste visualizarte atrayendo a alguien que te gusta.

Pollitortuguita: Sí. Intento montarme una peli en la cabeza.

Chica curiosa: ¿Intentas imaginártela mirándote con carita de pánfila enamorada?

Pollitortuguita: Sí. Pero me cuesta…

Tu Mejor Tú: Interesante…

Pollitortuguita: Cuando estoy a punto, le cambia la cara. Se transforma en otra o pasa algo.

A veces lo lograrás, pero con una sensación extraña.

Cierras los ojos y tratas de imaginar a ese chico o chica muriéndose por tus huesos. Pero algo chirría. Es como si MIA te dijese:

“No me creo esa escena. Ambos sabemos que no va a ocurrir”.

Chica curiosa: Y esto se aplica a todos los aspectos de la vida, ¿verdad?

Mario Luna: A cada faceta de tu autoconcepto.

Quizás deseas creer que eres un imán para el dinero, pero te vienen imágenes de pobreza a la mente una y otra vez.

Puede que lo quemes en el instante en que toca tus manos o tu cuenta corriente.

¿Por qué? Entre otras razones, porque una de las creencias sumergidas que forman tu autoconcepto es la de que no eres la clase de persona que genera o conserva la riqueza.

O te dices que eres un manantial de salud y energía. Pero MIA sigue pensando que eres un enfermo crónico, y te trata como tal.

En síntesis:

Que Conslenta lo sepa no basta. Es MIA quien necesitas que se entere.

O, como bien expresó el gran Ortega y Gasset:

Yo tengo a las ideas, pero las creencias me tienen a mí.

Pollitortuguita: Entonces, no es suficiente con entender que le puedo gustar.

Conslenta: Es mejor que nada. Pero no, no es suficiente.

Tu Mejor Tú: Porque no basta con alimentar creencias conscientes.

Chica curiosa: Necesitamos llegar a formar creencias sumergida.

Mario Luna: Exacto. Te lo debes creer hasta dormida.

Pon que te quieres creer el próximo Bill Gates.

Una noche, te despiertan a las tres de la madrugada y te preguntan: “¿Quién eres?”. Pues, aun medio dormido, has de responder sin vacilar: “¡¡El próximo Bill Gates!!”.

Y si te obligan a sentarte en un detector de mentiras, has de afirmar: “Soy el próximo Bill Gates” sin que te tiemble el pulso.

Señor de los borregos: ¡Qué exagerados!

Mario Luna: Pues es lo que hizo mi amigo Rafa Mora.

En un programa le preguntaron quién era el hombre más atractivo del mundo y respondió: “Yo”

El polígrafo concluyó: “Rafa Mora dice la verdad”.

Hasta ese punto has de creer en ti.

Pollitortuguita: ¿Hasta engañar a un detector de mentiras?

Tu Mejor Tú: Sí.

Y he aquí algo que hemos descubierto:

Creer en algo antes de que exista ayuda a lograrlo, eso ya lo sabes.

Pero, como ya te adelantamos en “El Secreto”, hay algo más:

Trabajar en algo te ayuda a creerlo.

O sea, que tatúate esto:

Hacer ayuda a creer.

Dicho de otro modo.

No vas a creer plenamente en algo que no existe hasta que no trabajes día y noche en ello.

Pollitortuguita: ¿Día y noche?

Tu Mejor Tú: Con constancia.

Pollitortuguita: ¿Y así cambio mis creencias húmedas?

Mario Luna: Sumergidas. Y sí: aunque no es todo lo que puedes hacer…

Tu Mejor Tú: …es la parte más importante.

Señor de las excusas: Menudo par.

Señor de los borregos: Ver para creer.

Tu Mejor Tú: No. No es así, ya te lo dijimos.

Atento:

No es ver para creer, es creer para ver.

Y para creer, hacer.

Pollitortuguita: Vale. Para creer en algo me lo tengo que currar.

Tu Mejor Tú: Eso es, trabajar en ello.

Chica curiosa: Y aplicar el haz como si…

Tu Mejor Tú: Niquelado.

Chica curiosa: Y lo aplico a todos los niveles de mi vida. Ante todo, congruencia.

Totalmente.

De hecho:

Tratar de desarrollar una creencia sin actuar de forma acorde sólo te va a desgastar.

Chica curiosa: ¿Me va a hacer perder ganasolina?

Mario Luna: Mucha. Y eso en el mejor de los casos.

Porque ya sabes que hay quien, además, “invierte” en ello otras fuentes de poder, como dinero o tiempo.

Así que recuerda:

Sin congruencia no hay creencia.

Es decir, sin ser congruente no puedes desarrollarla.

Pollitortuguita: ¿Como echarle perfume a un trozo de mierda para ver si se le pasa el olor?

Señor de los borregos: ¡Qué bestia!

Señor de las excusas: Más zafio, imposible.

Tu Mejor Tú: Pues es una buena metáfora. Bravo pollito.

Pero, si quieres expresiones más “finas”, te diremos que no ser congruente alimentará lo que se conoce como…

Sigue leyendo…

PDE-ML

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