Zona De Flujo

Yo no te preparo para el éxito.
Sólo para las batallas que lo preceden.

Piensa en tu videojuego favorito.

¿Te gustaría tanto si te pasaras todas las fases con los ojos cerrados?

¿Y si fuese tan difícil que te matasen a los diez segundos de empezar?

Los juegos más exitosos logran que muchos jugadores se pasen la vida frente a la pantalla. Tanto, que algunos han muerto de agotamiento e incluso por inanición.

¿Cómo lo hacen?

Zona de flujo.

Los programadores se han especializado en meter y mantener al jugador en un estado conocido como flujo.

En él, la percepción del tiempo se altera,

mientras acción y conciencia se funden en uno.

Chica curiosa: ¿Mihály Csíkszentmihályi?

Pollitortuguita: ¿Ha acertado?

Sí.

La palabra la acuñó este genio de nombre impronunciable.

Chica curiosa: Nada de eso. Se pronuncia Mijai Chicsentmijái.

Pollitortuguita: ¡Prima, qué empollona!

Tu Mejor Tú: Más de lo que esperábamos.

El caso es que este psicólogo, que ha dedicado buena parte de su vida a investigar el estado de la felicidad, afirma que ésta tiene mucho que ver con el flujo.

¿Y sabes qué?

No irá tan desencaminado cuando hay adolescentes que llegan a olvidarse de comer por permanecer en flujo.

La cuestión es:

¿qué ocurriría si fueses capaz de invocar dicho estado a tu antojo?

No jugando a un videojuego, NO.

Sino haciendo aquello que te acerca hacia tus metas.

¿Te imaginas?

En lugar de viciarte en algo estéril, y que a la larga, muy probablemente, no te va a llevar a ninguna parte:

te dedicas a perseguir tu visión.

Pero sintiendo exactamente lo mismo que un adicto a la consola cuando se sumerge en su juego favorito.

Señor de los borregos: Demasiado idealista.

Señor de la distracción: Una actividad productiva jamás podrá equipararse a otra que ha sido diseñada para recrear.

Y, sin embargo, eso es precisamente lo que les ocurre a los genios una y otra vez.

Cuando se les estudia, casi siempre han creado sus obras maestras en estado de flujo.

Si además aplicas lo que has aprendido en “El arte de trabajugar”, ¿no vas a disfrutar persiguiendo tu visión tanto o más que con ningún otro juego?

Tu Mejor Tú: Socio, ¿te has fijado?

Autor: ¿En Señor de la distracción?

Tu Mejor Tú: Está sudando como si le apuntáramos con una pistola. ¿Estás pensando lo mismo que yo?

Autor: Sí. Teme su muerte. Y con razón.

Pollitortuguita: ¿Qué le pasa al chico éste tan molón?

Chica curiosa: Es verdad. Nunca lo había visto temblar así.

Señor de la distracción: ¿Qué pasa? ¿No tenéis corazón? Dejad ya esto del flujo, ¿vale?

Amazona de Confort: ¿Qué queréis? ¿Verlo agonizar aquí mismo?

Tu Mejor Tú: No desesperes. Tiene más suerte de la que crees.

A fin de cuentas,

siempre habrá quien renuncie a todo el conocimiento que aquí enseñamos.

O a entenderlo.

Si no es tu caso, estás a punto de aniquilar tus excusas para siempre.

A partir de ahora, todo lo que tienes que hacer cuando desempeñes actividades que te conduzcan hacia tu meta es preguntarte:

Mientras hago esto, ¿cómo entro en la zona de flujo?

Y aplicar el kaizen. Hora tras hora. Día tras día.

Cuando te quieras dar cuenta, te habrás convertido en un apasionado del trabajo que hace sus sueños inevitables.

Pollitortuguita: Vale… Pero ¿cómo me meto el flujo ése?

En “El arte de trabajugar” te dimos varias pistas. Muchos de los consejos y técnicas facilitados te harán entrar en estado de flujo aun sin saber por qué.

Pero queremos que sepas por qué.

Así, serás capaz de devolverte a dicho estado cada vez que algo o alguien te saquen de él.

Toma nota:

Lo esencial para entrar en flujo es que tu actividad se encuentre en la zona en la que el reto y tu habilidad están en perfecto equilibrio.

Chica curiosa: ¿Que no sea ni demasiado difícil ni demasiado fácil?

Autor: Correcto. Si es demasiado fácil, te aburrirás. Y saldrás del flujo.

Tu Mejor Tú: Y si es demasiado difícil serán el estrés o la frustración los que te saquen de él.

Como en los videojuegos.

Amazona de Confort: Bien dicho, guapo. Hay que evitar el estrés a toda costa.

Tu Mejor Tú: Efectivamente, demasiado cortisol no es bueno.

Amazona de Confort: Por eso, huye de lo desconocido como del diablo.

Tu Mejor Tú: Alto ahí, besuguita.

Autor: Sí. No me líes al lector.

Precisamente ahora, que estás aprendiendo mucho. Así que, por favor, graba esto en el collar de tu perro:

La zona de flujo no es tu zona cómoda.

No cometas jamás el error de confundirlas.

Tu zona cómoda (o zona de confort) permanece estática, como un estanque de aguas putrefactas.

Tu zona de flujo, en cambio, te permite avanzar como un río. Sin prisa pero sin pausa.

Te evita saltos y cascadas bruscas. Pero siempre progresa. Implacable y con dirección.

Así que entra y mantente en flujo. Hagas lo que hagas:

Modula el reto para que esté al nivel de tu habilidad.

Márcate objetivos estimulantes, no inalcanzables. Se trata de que te fijes propósitos que desafíen tu nivel de habilidad actual, pero sin desbordarla.

Y cuando tu habilidad aumente a fuerza de entrenarla…

Chica curiosa: ¿Subo de nivel?

Pollitortuguita: ¡Como en un videojuego!

Amazona de Confort: Chicos, no digáis tonterías.

Pero no lo son.

A medida que tu habilidad aumente, el reto que te marques ha de incrementarse de manera acorde.

De lo contrario, caeríamos en el escenario:

Reto < habilidad = aburrimiento.

Pero ya sabes, sin pasarte.

Para no salirnos de la frecuencia ganadora por el otro extremo:

Reto > habilidad = frustración / estrés.

Este equilibrio juega un papel crucial sobre nuestra experiencia.

Tanto que, para convertir una actividad aburrida en algo ameno, a veces basta con emplearte a fondo.

Pollitortuguita: ¿Va en serio? ¿Cómo se hace eso?

Autor: Fácil. Dime alguna actividad que te aburra mucho.

Pollitortuguita: Fregar los platos. Me obliga mi vieja.

Tu Mejor Tú: Pues prueba esto. Ponte una música emocionante y cronométrate la próxima vez que tengas que fregar.

Autor: Y establece un récord. E intenta superarlo cada vez.

Pollitortuguita: Vale, a darle emoción a la cosa.

Chica curiosa: puedo ver las burbujas de jabón volando por ahí…

Con todo, si tienes que fregar los platos te seguimos recomendando que nutras tu mente con información valiosa.

A menos que quieras relajarte o meditar sobre algo, simultanear inteligentemente te garantiza un sano equilibrio entre el reto y la habilidad. Además, te permite invertir ese tiempo y esa ganasolina en desarrollar claves de poder que te acerquen a tus metas.

Señor del agobio: ¿Os queda claro? ¡Subid el reto a toda costa!

Autor: No.

Señor del agobio: ¿Cómo que no? Nunca hay un reto lo suficientemente alto.

Tu Mejor Tú: Me temo que sí.

Como ya sabes, para sintonizar con la frecuencia ganadora es necesario que ajustes bien los parámetros.

Por eso, no sólo evitarás el reto excesivamente bajo. A la vez, calibrarás cuándo te sobrepasa para nivelarlo con tu habilidad.

Pollitortuguita: Míster, ¿y cómo sé que es demasiado alto?

Tu Mejor Tú: Fácil. ¿Te estás estresando?

Autor: ¿Experimentas ansiedad? ¿Frustración?

Pollitortuguita: Me pasa mucho con las chicas guapas.

Chica curiosa: Doy fe. Especialmente con una tal Marga.

Pollitortuguita: Sí, cada vez que me quiero ligar a alguien.

Autor: Pues rebajas un poco el reto y ya está.

Pollitortuguita: ¿Y eso cómo se hace?

Chica curiosa: ¡Primo, es obvio! ¡Yendo a por una más fea!

Autor: O cambiando tu propósito.

En lugar de hablar con ella para ligártela, que es un reto muy alto,

ponte uno más asequible.

Por ejemplo, divertirte mientras hablas con ella.

Pollitortuguita: ¿Divertirme?

Autor: Proponte eso. Y otras cosas que dependan de ti.

El problema es que, cuando se trata de amor o de cualquier cosa que anhelamos con fervor, solemos entregar nuestro poder.

¿Nuestro consejo? Recupera las riendas. Pregúntate:

¿Por qué lo haces?

¿Por qué te acercas a esa chica?

¿Por qué estudias tal o cual asignatura?

¿Por qué levantas este peso una y otra vez?

En otras palabras:

¿cuál es tu propósito?

Tu propósito está estrechamente ligado al reto que percibes de forma inconsciente.

Por eso puede ser tu mayor aliado o tu peor enemigo.

Va a poner a MIA (tu mente inconsciente) en tu contra o hacer que caiga rendida a tus pies.

Así que:

Adopta un propósito que dependa de ti.

Cada vez que te propones algo que no depende de ti,

como ligarte a alguien o que te toque la lotería o que tu jefe te dé un ascenso,

en realidad estás estableciendo un reto infinito.

Y eso equivale a…

Ansiedad, ¿recuerdas?

Chica curiosa: Entonces, ¿mi propósito condiciona mi locus de control?

Autor: Muchísimo.

Como ya viste en “Locus de control interno” y en “Estrategia de máximo poder”, desarrollar dicho locus es incompatible con proponerte cosas que están muy alejadas de tu área de influencia.

Entonces, ya te adelantamos que ésa era la receta para la ansiedad.

¿La solución?

Arrastra tus propósitos más y más hacia tu centro de influencia.

Cuando te propones algo que, en última instancia,

depende de otra persona,

te sitúas en las antípodas de tu centro.

Y la salida del flujo está garantizada.

Chica curiosa: ¿Y no podría dicho estrés hacer que me esfuerce más aún?

Autor: Podría.

Pero sólo a corto plazo.

Aun cuando en un momento dado fueses capaz de rendir, a la larga se trata de una estrategia:

poco sostenible.

No va a darte salud, paz ni felicidad.

Perseguir propósitos que se alejan de tu zona de influencia no es quererte, es maltratarte.

Deja de maltratarte.

De modo que, si no lo has hecho ya, graba esta frase en la matrícula del coche:

Si algo no depende de ti, no existe.

¡Y adopta DESDE YA una estrategia de máximo poder!

Así que, en lugar de proponerte: “Voy a atraer a esa persona”, piensa:

“Voy a mostrarle mi versión más sexy y excitante a esa persona”.

No te digas: “Voy a hacer que mi jefe me suba el sueldo”, sino:

“Voy a hacer que no le falten razones para subirme el sueldo”.

Que tu jefe sea luego capaz de verlas o no, eso ya depende de él.

Lo que sí está en tu área de influencia es hacer que esas razones existan.

Igual que buscarte otro jefe o convertirte tú en tu propio jefe.

Pero si eres tu propio jefe, y en realidad siempre lo eres, entonces…

Pollitortuguita: No, no… Ya os he dicho que trabajo de administrativo.

Autor: Eso es porque no te ves como propietario de la Yomimeconmigo Corporation.

Pollitortuguita: ¿De qué me sonará eso?

Tu Mejor Tú: Te lo explicamos algunos capítulos atrás.

En “La Ley de la concentración” te dijimos que te concibieras como el dueño de una empresa de servicios: la Yomimeconmigo Corp.

¿Te acuerdas ahora? – Si no es así, repasa el capítulo –

Aprendiste que, si estás en nómina en una empresa, entonces tienes una compañía que cumple objetivos para aquella.

Por eso, tu jefe es tu cliente.

Así que olvídate del viejo chip de “Tengo tal titulación” o “Me he formado para hacer x”. Y zambúllete de lleno en la era del reciclaje constante.

O sea, aplica el kaizen a tu capacidad para servir a tus clientesempleadores.

Y, como te dijimos en “El arte de trabajugar”, profundiza.

Tu trabajo no es sólo desempeñar ciertas funciones.

Es también aprender y mejorar cada día.

De hecho, el más importante de todos ellos es limar constantemente el diamante de trabajador que eres.

De esta forma, tus productos y servicios no dejarán de revalorizarse y serás cada día más
competitivo en el mercado.

Autor: Si éstos mejoran hasta el punto de generar más beneficios a tus clientes…

Tu Mejor Tú: (…es decir, la empresa para la que trabajas…)

Autor: …podrás exigir más por ellos.

Tu Mejor Tú: (O sea, mayor sueldo, ventajas laborales, etcétera.)

Señor de las excusas: Sí, claro. ¿Y si “mi cliente” no está preparado para entender lo que valen dichos servicios?

Esas cosas pasan.

Pero un verdadero ganador siempre puede buscar nuevos “clientes”.

Chica curiosa: (O empleadores…)

Autor: Exacto.

Si tus servicios y producto lo valen, no te será difícil encontrarlos.

Y aquella ominosa palabra, “paro”, pasará a ser parte de la historia.

Como bien expresó el publicista Risto Mejide en uno de sus artículos:

No busques trabajo.

Busca una vida de la que no quieras retirarte jamás.

Y un día a día en el que nunca dejes de aprender.

Intenta no venderte y estarás mucho más cerca de que alguien te compre de vez en cuando.

Y, por favor, tatúate esto ya que es algo que a muchos les cuesta entender,

a nosotros nos costó sangre entenderlo:

La única forma de garantizar que siempre serás tu propio y mejor jefe:

es ser el jefe más exigente que hayas tenido nunca contigo mismo.

Señor de la desmotivación: Vamos, que elevemos la explotación al arte del masoquismo, jajajaja

Autor: Ése es tu problema.

Como el de tantos y tantos atrapados.

Pues lo que no terminan de entender es algo tan simple como que:

A veces, la clave de la felicidad está en ser capaz de hacer algo muy bien.

¿La idea de fondo? Siempre es la misma:

La mediocridad es más aburrida que la excelencia.

Para trabajugar, para entrar en flujo, no hay nada como brillar.

De hecho, ésa es la fórmula del éxito instantáneo.

Aplica ésto a toda tu vida.

Lo quiero aquí y ya: ¿He oído bien? 

Lo sabrás en el próximo capítulo…

PDE-ML