Reactividad, Proactividad Y Preactividad

La mejor forma de hacer frente a un problema es evitarlo.

Compara las actitudes de Ana, Juana y Susana:

Ana: “Estoy gorda y los chicos ni me miran. Tengo que ir al gimnasio”.

Juana: “Voy a ir al gimnasio para forjarme un cuerpo ganador”.

Susana: “¿Cómo puedo hacer que ejercitarme resulte inevitable?”.

¿Cuál de las tres es más ganadora?

Pollitortuguita: No sé. ¿Tienes fotos en bikini de las tres?

Chica curiosa: ¡Primo, céntrate!

Si te fijas, estamos ante tres estrategias diferentes.

Ana hace cosas que son buenas para ella sólo cuando se ve entre la espada y la pared. Está siendo reactiva, porque actúa como respuesta a algo que le sucede y que no ha elegido ella.

Juana actúa no para responder a aquello que le ocurre, sino persiguiendo algo que desea experimentar. Está siendo proactiva.

Susana va un paso más allá y se pregunta cómo puede generar una situación que la obligue a hacer algo potenciador. Está siendo preactiva.

A la estrategia de Susana, Eben Pagan lo llama preacción.

Pollitortuguita: ¿Precocción?

Chica curiosa: Casi, primo. Pre-acción. Es como la prevención, ¿no?

Tu Mejor Tú: Casi.

Pero en lugar de sólo evitar la aparición de cosas que no quieres se centra también en provocar la de aquellas que sí quieres.

Para entenderlo, piensa de nuevo en las tres amigas. 

En la práctica, ¿cuán probable es que Ana vaya regularmente al gimnasio?

En cualquier caso, su compromiso no parece muy sólido, ¿verdad?

De Juana cabe pensar que llegará mucho más lejos, pero tampoco nos sorprendería que falle más días de los que le conviene.

Chica curiosa: Y que malgaste su ganasolina motivándose, haciéndose el ánimo de ir, luchando contra las distracciones y la tentación de procrastinar…

Tu Mejor Tú: ¡Muy bien, figura!

En cambio, a Susana… ¿qué clase de medidas le llevará a tomar la pregunta que se ha hecho?

Con su actitud preactiva, puede que se le ocurran cosas como:

— Buscar un gimnasio justo debajo de su casa y pagar dos años por adelantado.

— Montarse un gimnasio en su propia casa.

— Contratar a un entrenador personal que la fuerce a ir todos los días.

— Apuntarse al mismo gimnasio que su amiga Elena, que es una profesional del fitness y jamás ha pasado un día sin entrenar.

— No volver a usar jamás un ascensor.

— Ir a pie al trabajo.

— Unirse a una comunidad de personas muy comprometidas con el ejercicio y la salud.

— Obligarse públicamente a sacar una foto diaria en su blog personal, mostrando sus progresos.

Seguramente, le vendrán a la mente muchas más. Porque, como suscribiría Tony Robbins:

La calidad de tu vida tiene más que ver con las preguntas que te haces que con las respuestas que te das.

Una vez te haces la pregunta correcta, es sólo cuestión de tiempo y de concentración que tu cerebro comience a premiarte con todo tipo de respuestas potenciadoras.

En este caso, las preguntas que te hagas decidirán si estás siendo reactivo, proactivo o preactivo.

Chica curiosa: Entonces, al diseñar un entorno ganador…

Autor: Sí. Estás siendo proactiva y, sobre todo, preactiva.

Y, como seguramente habrás intuido ya, a un ganador se le reconoce porque emplea estas dos estrategias con más frecuencia que la mayoría.

Pues, ¿qué hace la mayoría de la gente? Se limita a reaccionar.

Que si me ha despedido mi jefe, que si me han diagnosticado tal enfermedad, que si la economía ha entrado en recesión, que si me han subido la cuota de la hipoteca, que si tal persona me saca de mis casillas…

¿Lo ves?

Y aunque debes entrenar la reactividad para cuando las circunstancias te ofrecen una ventana de oportunidad que has de aprovechar en el acto o te presentan un desafío que te pilla “en bragas”, los ganadores entienden que a menudo:

La maestría no es cómo reaccionas ante un problema inesperado,

sino cómo evitas que éste se dé.

Dicho de otra forma, con frecuencia:

El error no está en la reacción,

sino en la falta de planificación que la precede.


Y si te gustan más las frases lapidarias:

No es el ante, sino el antes.

Pollitortuguita: ¿Qué?

Pues que:

No es lo que haces ante la situación, sino antes de que ésta se dé.

¿Lo entiendes?

Cuando eres proactivo y vas a por lo que quieres, es menos probable que te encuentres en una situación que no deseas.

Si, por ejemplo, has consagrado tu vida a crear un negocio exitoso, ¿no es menos fácil que te despida tu jefe? Entre otras cosas, porque seguramente no lo tendrás.

¿Persigues un cuerpo G y la salud extrema? Pues en la medida en que ésta sea tu afición, resultará menos probable que te veas obligado a reaccionar al desafío que presenta la enfermedad.

¿Y qué pasa si trabajas para hacerte atractivo? Pues que, cuando encuentres a alguien que te atrae, no tendrás que reaccionar tanto a la frustración del deseo no correspondido.

Pollitortuguita: ¿Por qué, míster?

Autor: Porque las probabilidades de que dicha persona ya se sienta atraída por ti aumentan drásticamente. 

¿Te queda claro?

Cuando vas a por lo que quieres, tiendes a evitar lo que no quieres.

Así que, sé proactivo.

Y si aparte de eso elaboras planes ganadores para hacer lo que quieres más y más inevitable, estarás siendo además preactivo.

Chica curiosa: ¿Y qué es mejor? ¿Ser proactiva o preactiva?

Tu Mejor Tú: No son cosas excluyentes.

A veces, simplemente no tendrás tiempo o no se darán las condiciones para que puedas diseñar situaciones que hagan lo que quieres más probable.

Pollitortuguita: ¿Como cuando me cruzo con un pibón que me gusta?

Chica curiosa: ¿Como cuando se me presenta una oportunidad de negocio?

Tu Mejor Tú: Sí, ambos son buenos ejemplos.

En tales casos, ¿qué haría una persona reactiva?

Seguramente nada, a menos que la otra persona se dirigiera a ellos.

Un ganador, en cambio, sería proactivo e improvisaría algo para acercarse hacia lo que quiere.

Chica curiosa: Pero… ¿no sería mejor contar con una estrategia por defecto para casos de ese tipo?

Autor: Claro. Buen ejemplo de preactividad.

Pero eso no será siempre posible.

¿Te suena lo de que la realidad siempre supera a la ficción? Pues es cierto.

Por eso, aunque planear es potenciador, por mucho que planees la vida siempre te presentará variables con las que no contabas.

Cuando esto te ocurra…

Señor de la procrastinación: No hagas nada si no cuentas con un buen plan.

Tu Mejor Tú: Todo lo contrario: improvisas un plan de emergencia.

¿Nos sigues?

Ser preactivo es el plan A.

Ser proactivo, el plan B.

Chica curiosa: Creo que ya lo entiendo: soy proactiva cuando no puedo ser preactiva.

Exacto.

A fin de cuentas:

La proactividad no implica preactividad.

Pero la preactividad sí implica proactividad.

Pollitortuguita: ¿Y en español?

Chica curiosa: Primo, que no siempre que eres proactivo eres preactivo.

Pero siempre que eres preactivo estás siendo proactivo.

Pollitortuguita: ¿Y eso ¿Por qué, míster?

Tu Mejor Tú: Porque ser proactivo es ir a por lo que quieres.

Autor: Y ser preactivo, intentar hacer inevitable lo que quieres.

Chica curiosa: Y no hay forma de hacer inevitable lo que quieres sin ir a la vez a por ello. ¿Lo ves, primo?

Pollitortuguita: Ah, vale…

En la práctica, sé todo lo preactivo que puedas, aceptando que a veces te verás obligado a ser sólo proactivo.

Y entiende que mostrarte proactivo es mejor que quedarte de brazos cruzados.

Dicho de otra forma:

Ser preactivo es el camino.

Siempre que no se convierta en la excusa para no ser proactivo cuando ésta es la única opción.

Aplícalo para perseguir cualquier objetivo y, especialmente, al diseñar tu plan y tu entorno ganador.

Chica curiosa: A partir de ahora, sólo voy a ver The Walking Dead en una tableta mientras hago cardio con la elíptica.

Tu Mejor Tú: ¡Buena idea!
¿Quieres más?

¿Por qué no escuchar tu podcast favorito mientras te preparas comida muy saludable? El resto del tiempo, prohibido.

¿Qué tal disfrutar de la novela que tanto te engancha sólo desde la cama y cuando te metes temprano en ella?

Y ese capricho dulce, ¿qué nos dices de convertirlo en tu recompensa de justo después del gimnasio?

¿Y qué pasaría si trabajases en tu proyecto nada más levantarte, antes de consultar el correo o tus redes sociales?

A propósito de levantarte, mucha gente se despierta decidida a tener un día ganador, pero ¿sabes qué?

Un día ganador no comienza por la mañana. Empieza la noche anterior.

Captas la idea, ¿verdad?

Las formas de ser preactivo son infinitas.

Para acceder a ellas, hazte constantemente la pregunta:

¿Cómo puedo diseñar un sistema que me obligue a hacer cosas que conducen al éxito y a evitar las que me apartan de él?

Pollitortuguita: ¡Fichando a mi vieja para que me coja de la oreja!

Autor: No serías el primero ni el último que triunfa contratando a un coach.

Chica curiosa: Pero… ¿va en serio?

Podríamos decir “contribuye”, “te ayuda”, “facilita”…

Pero a la hora de diseñar un plan y un entorno ganador la pregunta más potenciadora que te puedes hacer es:

¿Qué clase de entorno va a forzarme a que actúe como un ganador?

O:

¿Qué circunstancias me obligarán a acercarme a x objetivo?

Aunque no quieras.

O sea, vamos a ser preactivos.

Así que… ¿cómo puedes diseñar un entorno o situación que te fuerce a hacer cosas que conducen al éxito?

Chica curiosa: Y cuando todo falla, sigo siendo proactiva, ¿verdad?

Autor: Verdad.

Además, siempre te queda tu gran aliada: la mentira.

Pollitortuguita: ¿La mentira?

Sí. Has oído bien. Miéntete. Como un bellaco.

PDE-ML