El Secreto: Parte 1

Para que la verdadera ciencia de la autosuperación nazca.

El Secreto ha de morir.

Los dinosaurios habían dominado la Tierra durante más de 165 millones de años. Sin embargo, al final de este periodo cometieron el mayor de los errores:

Ignorar la ley de la atracción.

Los pobres bichos, que no conocían el trabajo de Rhonda Byrne, sintonizaron todos a la vez con la frecuencia de pensamiento equivocada.

Por consiguiente, cayó un meteorito que los fulminó a todos.

Pollitortuguita: ¿En serio?

No, Pollitortuguita.

Cuando nos veas afirmar muy serios algo totalmente ridículo, significa exactamente lo contrario.

Se llama ironía.

Señor de la superstición: Allá vosotros. Vais a poner el Universo en vuestra contra.

Pollitortuguita: ¿De qué me suena este señor? ¿Es el que sale por la tele echando el tarot?

Quizás.

Te presentamos a Señor de la superstición. Lo has visto antes, de pasada.

Chica curiosa: ¿El que nos iba a enseñar a domesticar el universo?

Sí. Cuidado con él.

Señor de la superstición es el Monstruo de las Supersticiones y las mentiras.

Se encarga de que te autosabotees dejándote llevar por el método vudú y el pensamiento mágico.

Señor de la superstición: ¿Y eso es un problema?

Tu Mejor Tú: Claro.

Señor de la superstición: Pues no pienses en él porque lo harás más grande.

Autor: Claro. Porque…

lo eficiente es resolver los problemas sin pensar en ellos.

Pollitortuguita: ¿Otra ironía?

Sí.

Señor de la superstición: ¡Ignorantes! ¡No entendéis el Secreto!

Pollitortuguita: ¿Qué secreto?

Señor de la superstición: Que cuando piensas en algo intensamente, lo atraes hacia ti.

Pollitortuguita: ¿Ah sí? ¿Cómo está eso?

Señor de la superstición: Es por la ley de la atracción.

Chica curiosa: ¿Y en qué consiste esa ley?

Señor de la superstición: Cuando imaginas cosas con fuerza, como si ya las tuvieras, el Universo se pone a trabajar para atraerlas hacia ti.

Autor: ¿El universo? En realidad te refieres a MIA.

Señor de la superstición: ¿MIA? ¿Quién es ésa?

Tu Mejor Tú: Ya te enterarás.

Pero, desde luego, no es el universo.

Pollitortuguita: Entonces… ¿no hay secreto?

Autor: Sí, solo que no es la ley de la atracción.

Chica curiosa: ¿Y cuál es?

Presta atención.

Estás a punto de descubrir el verdadero secreto. Se trata de la ley más poderosa del universo.

La que hace que un animal sobreviva y prospere. La responsable del éxito. La que ha permitido a nuestra especie llegar a la Luna.

Es la única ley que puede cambiar el mundo a mejor o, si nos ponemos egoístas, tu vida.

Se llama…

…ley de la acción.

¿Su problema?

Que, pese a ser tan simple y obvia, aplicarla implica un esfuerzo mayor.

Chica curiosa: ¿Mayor que qué?

Tu Mejor Tú: Que dejarte caer en un sofá mientras engulles guarrerías e imaginas cómo te gustaría que fuesen las cosas.

Autor: En lugar de hacer algo por mejorarlas.

Y aunque ir a la cocina a por un vaso de agua cuesta más que pedirle al universo que te lo traiga, a la larga mover el trasero acaba siendo más efectivo.

Pollitortuguita: Esto me recuerda a algo…

Chica curiosa: Sí, primo. Al experimento del vaso de agua. Sí. Lo hicimos en “El método neto”.

Allí aprendiste que, aunque este sistema te va a dar más cosas que el método vudú, presenta el inconveniente de que te obliga a ejercitar los glúteos. Literal o metafóricamente.

¿Recuerdas cuál era el mal del siglo?

Consumir sin producir.

Por eso la ley de la acción, aunque es la más poderosa, dista mucho de ser la más popular.

Además, antes de llegar a ti ha de abrirse paso a través de una marea de gilipatrañas.

Chica curiosa: ¿Qué clase de gilipatrañas?

Tu Mejor Tú: De ésas que dan un mal nombre a la superación y la autoayuda.

Chica curiosa: ¿Alguna obra en concreto?

Tu Mejor Tú: Muchas.

Pero, de entre todas, una se alza majestuosa.

Se titula El Secreto, y viene en forma de libro y de documental.

Ninguna como ella celebra la irracionalidad. Ni atenta tanto contra la cultura del esfuerzo.

Señor de la superstición: Normal. El esfuerzo es el responsable de la pobreza. El Secreto lo deja bien claro.

Pollitortuguita: ¿Esforzarme es malo?

Señor de la superstición: Y tanto. Si alguna vez has pensado: “Tengo que trabajar mucho y esforzarme para ganar dinero”, elimina inmediatamente ese tipo de pensamientos.

Pollitortuguita: ¿Y eso?

Señor de la superstición: Pensando de esa manera has emitido una frecuencia que se ha convertido en las imágenes de la experiencia de tu vida.

Son frases textuales de El Secreto.

¿Entiendes por qué lo escogemos? Lo elegimos porque, aunque es cierto que el pensamiento mágico constituye una amenaza en todas sus formas, esta aberración en concreto se merece una medalla.

Señor de los borregos: Exagerados. ¿Una amenaza?

Tu Mejor Tú: Sí.

Tanto para tu éxito personal como el de la especie.

Dicho sin rodeos:

En contra de lo que algunos críticos pudieran pensar, El Secreto sí tiene propiedades mágicas.

Pollitortuguita: ¿Magia?

Tu Mejor Tú: Sí. Magia negra.

Concretamente, viene cargado de maleficios capaces de hacer involucionar al Homo sapiens hasta hacerlo regresar a las ramas de los árboles.

De todos ellos, el más poderoso es la mentada ley de la atracción.

Un principio que, aunque la autora lo convierte en el eje de su gran “mensaje revelador”, se viene explotando en la autoayuda desde su popularización en 1937 con el clásico Piense y hágase rico, de Napoleon Hill.

El Secreto, que se esfuerza por llegar a chiste malo de esta obra, no deja de venderte una y otra vez la misma gilipatraña:

Si visualizas algo como si fuera real y dejas que te conmueva, el Universo conspirará para hacerlo realidad.

La ley es “implacable” y se basa en el axioma de que “lo semejante atrae a lo semejante”.

Y si con eso no te basta, está respaldada por una física cuántica entendida como un chimpancé entendería una poesía de Quevedo.

Señor de la superstición: ¿Quevedo? Lo siento, no conozco a ese alquimista.

Tu Mejor Tú: Qué sorpresa.

Pero la cosa no acaba ahí.

Aparte de incentivar nuestro lado más materialista y codicioso, además de promover la cultura del consumir sin producir y del conseguirlo todo a cambio de nada, El Secreto deja claras otras cosas.

Por ejemplo que, cuando ocurre una desgracia colectiva, se debe a que las mentes de todos los implicados la han atraído hacia sí.

Señor de la superstición: Lógico: lo semejante atrae a lo semejante.

Chica curiosa: ¿Cómo?

Señor de la superstición: Por eso, cuando tienes pensamientos feos, atraes cosas feas a tu vida.

Chica curiosa: ¿Y eso de dónde lo sacas?

Señor de la superstición: Es una ley universal.

Tu Mejor Tú: Pues yo llevo un rato soñando con un mundo sin gilitardados como tú. Pero sigues aquí.

Señor de la superstición: Afortunadamente, el poder del pensamiento no se manifiesta de inmediato. Hace falta constancia.

Tu Mejor Tú: ¿Constancia asesinando neuronas?

Señor de la superstición: Constancia sintonizando con una frecuencia de pensamiento concreto.

Lo ves, ¿verdad?

Si seguimos su lógica, los millones de personas que perecen por vivir en condiciones infrahumanas cada año, lo hacen porque sintonizan más de la cuenta con la frecuencia de pensamiento equivocada.

Señor de la superstición: Desgraciadamente, así es.

Tu Mejor Tú: Y los judíos que murieron en campos de concentración estaban pensando en “muerte” y “campo de concentración”.

Chica curiosa: Claro. Hitler y quienes lo apoyaron no tuvieron nada que ver, ¿verdad?

Señor de la superstición: Muchas veces, cuando las personas oyen esta parte de El Secreto, recuerdan acontecimientos históricos en los que se han perdido millones de vidas y les resulta incomprensible que tantas personas hubieran atraído este hecho.

Autor: Lo incomprensible es que haya gente que te tome en serio…

Señor de la superstición: Pero, por la ley de la atracción, tenían que encontrarse en la misma frecuencia que ese acontecimiento.

Chica curiosa: ¿Y qué estarían pensando los miles de personas que murieron a la vez en el atentado de las Torres Gemelas?

Tu Mejor Tú: Nada bueno, desde luego.

Señor de la superstición: No significa que pensaran en ese hecho exactamente, pero la frecuencia de sus pensamientos era la misma que la de ese acontecimiento.

Tu Mejor Tú: Evidente.

Según esta lógica, si tus pensamientos son predominantemente positivos, no puede pasarte nada malo.

Inversamente, alguien que ha consagrado su vida a recrearse en nuestras peores pesadillas… ¿no debería ser la persona más desgraciada de la Tierra? Porque lo semejante atrae a lo semejante, ¿no?

Señor de la superstición: Desde luego.

A partir de este punto y hasta el final del capítulo, muchas de las intervenciones de Señor de la superstición serán una cita prácticamente literal de El Secreto, de Rhonda Byrne. Las reconocerás porque habla raro.  —

Tu Mejor Tú: Míster Vudú lo tiene claro.

Señor de la superstición: Y tanto. El Universo pondrá ante él aquello en lo que piensa la mayor parte del tiempo.

Autor: ¿Por eso es Stephen King un miserable en lugar de un millonario feliz?

Pollitortuguita: Otra ironía, ¿no?

Tu Mejor Tú: Vas progresando, Pollitortuguita.

Aunque obsesionarte con tus metas e invocar las emociones que estas te generarían puede ser una herramienta extremadamente útil, no basta por sí sola para acercarte a ellas.

Es fácil entenderlo.

Un mundo en el que la eficacia de la ley de la atracción fuese independiente de la ley de la acción, ¿acaso no tendría un aspecto radicalmente distinto?

Por ejemplo:

Si sintonizar constantemente con una frecuencia de pensamiento atrajera cosas similares hacia uno, la vida de muchos hombres sería como una peli porno.

Señor de las excusas: Sois unos hipócritas.

Autor: ¿Por?

Señor de las excusas: Os burláis constantemente de quienes nos animan a sintonizar con cierta frecuencia de pensamiento, pero…

Tu Mejor Tú: ¿Pero qué?

Señor de las excusas: ¿Y la frecuencia ganadora?

Autor: No es lo mismo.

Efectivamente, insistimos mucho sobre la importancia de que sintonices con la frecuencia ganadora, ¿verdad?

La diferencia es que nosotros no creemos que hacerlo vaya a poner al universo a trabajar para ti.

Creemos que te va a poner a ti a trabajar para ti, cosa que no ocurre cuando te dejas embaucar por los monstruos del autosabojate.

Autor: Y Señor de la superstición…

Tu Mejor Tú: …también conocido como Míster Vudú…

Autor: …no es una excepción.

¿Entiendes la enorme diferencia?

Sintonizar con la frecuencia ganadora no “atrae” las cosas que quieres a tu vida.

Pero te convierte en esa persona capaz de ir a por ellas.

Y, por favor, asume que, para sintonizar con la frecuencia ganadora, has de renunciar al pensamiento mágico. Ambas cosas son incompatibles, se excluyen entre sí.

Pues, mientras la frecuencia ganadora bebe de la ciencia y le da la espalda a la superstición,

el pensamiento mágico hace exactamente lo contrario.

Chica curiosa: Pero decís que pensar constantemente en lo que quieres es potenciador…

Autor: Sí, por las razones correctas.

Tu Mejor Tú: No esperando que el universo te saque las castañas del fuego.

Chica curiosa: Pero ¿no podría alguien beneficiarse de una creencia supersticiosa, aunque no tenga base?

Por supuesto.

Ahora bien, ¿es sostenible?

Pollitortuguita: No entiendo.

Autor: Muy simple.

La ley de la atracción, cuando se acompaña de la ley de la acción, puede ayudarte.

Y puede ayudarte incluso si crees que lo hace por algo tan disparatado y arbitrario como que, al pensar en lo que quieres, todas las fuerzas cósmicas conspiran en tu favor.

Pero, por favor, entiende esto:

Hacer lo correcto por las razones equivocadas no te garantiza seguir haciendo lo correcto en el futuro.

Chica curiosa: Por eso decís que, aun cuando se den, los beneficios de la superstición no son sostenibles.

Tu Mejor Tú: ¡Sobresaliente, Chica curiosa!

De hecho:

Acertar hoy por las razones erradas te garantiza errar mañana.

Pues, antes o después, dichas razones te llevarán a hacer algo desacertado. Por eso:

El ganador intenta hacer lo correcto por las razones correctas.

Pollitortuguita: ¡Qué trabalenguas! Estoy hecho un lío.

Autor: Tranquilo, figura. Lo vas a entender en seguida.

Imagina dos tribus de cazadores-recolectores, que viven en las mismas condiciones que nuestros antepasados prehistóricos.

Pollitortuguita: ¿Dos tribus separadas?

Autor: Sí. Los vuduinos y los G.

Aunque no se conocen la una a la otra, ambas tienen en común que viven como en la Edad de Piedra. Por lo tanto, se encuentran totalmente aisladas de la civilización y sus modernos avances.

Pollitortuguita: ¿Sin videoconsolas?

Sin videoconsolas, sin scooters e incluso sin mecheros o cortaúñas.

Si algo no se puede hacer con madera, huesos, colmillos, pieles de animal, piedras o fuego, directamente no existe.

Pollitortuguita: Qué tostón, ¿no?

Autor: Sí. Pero tranquilo, que la cosa se anima en seguida.

Pollitortuguita: ¿Ah sí?

Sí, porque Señor de la superstición y Tu Mejor Tú son enviados a convivir con dichas tribus.

Pollitortuguita: ¿Y cómo llegan allí?

Autor: En helicóptero.

Al dejarlos éste en las proximidades, todo lo que llevan consigo es un taparrabos, una lanza tribal y una maleta con gafas oscuras.

Pollitortuguita: ¿Es chulo el taparrabos?

Autor: Sí, muy chulo. De leopardo sintético.

Pollitortuguita: Vaya…

Autor: Pero tranquilo, que la gente de la tribu no capta la diferencia entre real y sintético.

Pollitortuguita: Y no llevan nada más…

Autor: Sólo la fecha y hora exactas del próximo eclipse solar.

Pollitortuguita: Pero los de la tribu no son caníbales, ¿verdad, míster?

Autor: No, no se los comen.

Al contrario, les despiertan curiosidad y dan la bienvenida.

Tanto es así que, al poco de llegar, Señor de la superstición es aceptado como un miembro más de la tribu de los vuduinos.

Y Tu Mejor Tú, en la de los G.

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