El Arte De Mentirte Para Actuar

Mis metas eran irreales y ambiciosas.
Por eso fracasé.
Pero me quedé cerca.
 

“Si hubiese sabido lo difícil que iba a ser, jamás habría empezado”.

¿Te suena?

Es el comentario típico de alguien que se ha forjado su éxito.

¿Conclusiones? Miéntete.

Pollitortuguita: ¿Cómo Pinocho?

Tu Mejor Tú: Y más allá.

Recupera tu inocencia, tu ingenuidad, tu fe en el Ratoncito Pérez o como lo quieras llamar.

Engáñate.

Chica curiosa: ¿Hasta qué punto?

Autor: No hasta el punto de acometer algo inviable.

Pero sí hasta el punto de embarcarte en algo que te supondrá un esfuerzo que no llevarías a cabo si supieras de antemano lo grande que va a ser.

¿Entiendes?

El juego no consiste en ver lo imposible posible, sino en ver lo difícil como fácil.

Por ejemplo, da cada golpe como si fuera el definitivo:

“Esta canción que voy a componer ahora… Es la que me lanza al estrellato…”.

O:

“Le estoy pillando el punto este lugar. ¿Y si hoy termino de leer todos tus artículos?”.

Pollitortuguita: Pero es una bola.

Autor: De las gordas.

Algún día mirarás atrás desde la cima. Y entonces te reirás recordando que tuviste que componer cientos de canciones mejores que aquella para convertirte en un ídolo de las masas.

O que, ese best seller que estabas a puntito de terminar de escribir, finalmente te supuso meses adicionales de trabajo. Y encima te tocó escribir siete libros más para que el público te tomara en serio.

¿Y?

“¿Qué más dará?”, te dirás.

¿Acaso aquellas mentirijillas no te dieron la ganasolina necesaria?

¿No te ayudaron a ponerte manos a la obra?

¿Vas a decirnos que no te suministraron altas dosis de ilusión?

Y en última instancia, ¿no son las que te permitieron avanzar hacia un éxito que jamás se habría dado de no ser por ellas?

En suma: ¿no valió la pena?

Porque:

Un éxito borra mil fracasos.

Pollitortuguita: ¿Cómo cuando me saqué el carné para la scooter?

Tu Mejor Tú: ¿Te costó?

Pollitortuguita: Yo me decía siempre: “Esta vez lo apruebo…”.

Chica curiosa: Pero le suspendieron cuatro veces en el teórico…

Tu Mejor Tú: ¿Y te arrepientes de haberte mentido?

Pollitortuguita: No.

Porque, cuando por fin hayas logrado superar todos los obstáculos que se interponen entre tu meta y tú, ¿qué importará que tus expectativas hayan sido poco realistas en un primer lugar?

Entiéndelo:

Los realistas no son los que hacen avanzar el mundo.

Cuenta la leyenda que, antes de lograrlo, Edison intentó 10.000 veces dar con la bombilla incandescente que buscaba.

Cuando iba por el intento número 58, ¿te lo imaginas diciéndose:

“Paciencia, seguramente debo intentarlo 9.942 veces más”?

¿O te lo imaginas mintiéndose como un bellaco?

Correcto.

Seguramente, su diálogo interior se parecía más a esto:

“Vamos, nena… ¿Vas a ser tú la primera que aguante dos días iluminada?”.

Captas por dónde vamos, ¿verdad?

Para dominar la psicología del éxito, antes debes familiarizarte con la psicología humana.

Y has de entender que, a veces, las expectativas realistas no siempre van a ser una fuente fiable de ganasolina.

Asume que:

Tú tienes x potencial, y eso es un hecho objetivo.

El problema es que sólo puedes acercarte a x si no eres objetivo.

Moraleja: miéntete.

O como diría nuestro amigo Gabi:

Miéntete como un hijo de puta.

Porque, cuando hablamos de ganasolina:

Para conseguir la mayor cantidad de líquido posible, no has de ver el vaso medio lleno. Has de verlo naufragando en agua.

Por eso, si realmente te quieres:

aceptarás que hay mentiras que soplan como un viento a tu favor…

y otras que te lastran.

Estudiarás la diferencia entre ambas.

Y, a medida que practiques, te irás convirtiendo en un artista del autoengaño.

Señor de las excusas: Buena forma de disfrazar vuestra falta de congruencia.

Chica curiosa: ¿Lo dices por el capítulo “Sé científico”?

Señor de las excusas: Exacto. Primero os mofáis de los que se mienten…

Señor de los borregos: …y ahora abrazáis el autoengaño.

Autor: Repasa el capítulo.

Tu Mejor Tú: Sí.

Nos reíamos sólo de los que se mienten mal.

Pollitortuguita: ¿Y cuál era la diferencia, míster?

Autor: Muy simple:

El atrapado se miente para no hacer nada.

El ganador, para actuar.

O también:

El atrapado se embauca para destruirse.

El ganador, para construirse.

Y sobre todo:

El atrapado se engaña para dar lo peor de sí.

El ganador, para darlo todo.

Para entender esto, basta con que mires a tu alrededor.

Constantemente verás que, mientras que unos usan el autoengaño para limitarse, otros lo hacen para acercarse más a su potencial.

¿Pero acaso no es esto cierto de cada gran herramienta que ha descubierto el ser humano?

Todas sin excepción pueden ayudarte a mejorarte a ti o a tu entorno.

Pero también a destruiros.

Es muy simple:

La herramienta no es mala ni buena.

Lo es el uso que haces de ella.

Por ejemplo, el fuego te da la opción de calentar una casa, pero también la de quemar vivo a tu profe de ciencias.

Puedes servirte de la electricidad para dotar de energía esa misma casa, o para
freír a alguien en la silla eléctrica.

Y el autoengaño no es una excepción.

¿Qué pasará si recurres a él para embaucarte con la máquina tragaperras, dejarte tus ahorros en el casino o sucumbir a cualquier otra adicción con el típico: “Ésta es la última”?

Pero también puedes usarlo para conquistar alturas a las que no te remontarías jamás si supieras de antemano el trabajo que te va a costar y el frío que hace allá arriba.

Y a modo de ejemplo, he aquí algunos de nuestros embustes potenciadores predilectos:

“Hoy lo acabo…”.

“Esta sesión de entrenamiento marca un antes y un después…”.

“En una hora lo tengo…”.

“Unos minutitos y ya está…”.

“Este vídeo es el que me hace un profesional de YouTube…”.

Diseña tus mentiras a medida.

Lo importante no es que no sean falsedades como castillos, sino que te las creas lo bastante como para ilusionarte y ponerte en marcha.

La ley de la inercia hará el resto.

Señor de las excusas: Está claro. Mentirse para motivarse. Y motivarse para actuar…

Pollitortuguita: Gracias, profe…

Tu Mejor Tú: Ya estamos. Pollitortuguita, ¿cómo que “gracias”?

Pollitortuguita: Por ayudarme…

Autor: Artista, ¿no ves que te está liando?

Efectivamente, nada de “motivarse para actuar”.

La motivación es un bonus. Sólo eso. Algo que no tiene por qué estar ahí. Si está, es de agradecer, pero como solemos decir:

Que la motivación te pille persiguiendo lo que quieres.

Pero que su ausencia jamás te sirva de excusa para dejar de hacer algo que te has propuesto.

Señor de la superstición: Trabajo, acción, más trabajo… Qué triste…

Tu Mejor Tú: El que faltaba…

Señor de la superstición: Falta hago, porque veo que aquí nadie lo conoce…

Chica curiosa: ¿El qué?

Señor de la superstición: El gran secreto.

Sigue leyendo…

PDE-ML