Tu Hora Más Nega

¿A punto de tirar la toalla?

Avanzas dejando atrás tu zona cómoda. Aventurándote por las regiones frías. Allí donde el calor has de generarlo tú.

Sin pensarlo. Zambulléndote en la acción. Ganando inercia.

Pero habrá ocasiones en las que, pese a todo, te costará seguir.

Días en los que esa inercia se desvanecerá.

Días malos. Momentos de bajón. Horas en las que tu estado electroquímico no responde.

¿Recuerdas la última vez que te pasó?

Ése instante en el que tanto te cuesta. Aquel en el que estás a punto de tirar la toalla.

Tu hora más negra.

Señor de la desmotivación: ¿Tanto esfuerzo para eso?

Sí.

Pero… ¿sabes qué?

Ése también es el momento en que te haces fuerte de verdad.

La hora en la que el milagro ocurre.

Chica curiosa: ¿En serio?

Si en tu hora negra te obstinas, si persistes, si luchas como un demente por tu sueño…

Ése es el instante en el que te haces más poderoso.

Se generan sinapsis. Nuevas rutas neuronales se crean. El hábito que puede cambiarte la vida está empezando a forjarse.

¿Cuándo fue tu última hora más negra?

Nosotros te decimos:

En lugar de temer a tu hora más negra, espérala.

Y cuando llegue, dale la bienvenida.

Porque, disfrazada de tortura, esa hora encierra una oportunidad.

La oportunidad del cambio. El momento en el que envías un poderoso mensaje a tu mente subconsciente y le dices:

“¿Lo ves, MIA? Te dije que vamos en serio”.

Si regresas victorioso de tu hora más oscura, si no te rindes, saldrás fortalecido.

Al no tirar la toalla, al seguir luchando por lo que quieres en el momento en que más te apetece claudicar, estás desarrollando un hábito ganador.

Chica curiosa: Ponéis mucho énfasis en crear hábitos…

Tu Mejor Tú: No el suficiente.

Chica curiosa: ¿Tan importante es?

Tu Mejor Tú: Es lo más importante. Somos criaturas de hábito.

Pollitortuguita: Eso mismo dice el abuelo.

Chica curiosa: Es verdad, lo dice mucho.

Autor: Y tiene razón.

De hecho:

Ser un lo mejor que puedes ser es un conjunto de hábitos.

La única diferencia entre un ganador y un atrapado es que el primero ha desarrollado una serie de hábitos potenciadores, mientras que el segundo ha hecho suya la costumbre de limitarse más y más.

¿Quieres entender esto bien?

Pues concibe un hábito ganador como un cohete espacial.

Y tus viejos hábitos limitantes como la fuerza de la gravedad de la Tierra.

Al igual que al cohete, a un nuevo hábito cuesta hacerlo despegar.

Pero, una vez traspasada la atmósfera, es más fácil mantener su trayectoria.

Y, cuanto más se alejan del campo gravitatorio de la Tierra (los viejos hábitos limitantes), más sencillo es.

Señor de las excusas: Vais a fracasar.

Señor de la desmotivación: Nadie va a apoyar una filosofía que reconoce la necesidad del esfuerzo.

Tu Mejor Tú: Depende.

Chica curiosa: ¿De qué?

De lo que ya hemos dicho.

De si el lector comprende que…

…aunque quererse cuesta, no quererse siempre cuesta más.

Lo entiendes, ¿verdad?

Sintonizar con la frecuencia ganadora quizás te salga caro, pero menos que no hacerlo.

Puede llevarte esfuerzo, pero nunca tanto como el que te generará la situación a la que te verás abocado si renuncias a ser un ganador.

Chica curiosa: Pero entonces… ¿Jamás hay que tirar la toalla?

Tu Mejor Tú: Al contrario.

Tírala.

Llegará un momento en el que, pese a todo lo que estás aprendiendo:

Tu hora negra será más fuerte que tú.

Asúmelo. Querrás mandarlo todo a freír gárgaras.

Irte al cine a ver esa película para gilitardados.

Comer basura como un zombi.

Dormir hasta el día del juicio.

Viciarte con ese videojuego de atrapados.

Meterte en vena toda la saga de Torrente.

Masturbarte contemplando Codornices en celo IV.

Lo que sea.

Y nosotros te decimos…

Hazlo.

Mándalo todo a paseo. Tira la toalla…

…¡¡¡solo por un rato!!!

Luego la recoges del suelo y sigues persiguiendo tu visión como un poseso.

Señor de los borregos: ¡Pero eso no se puede hacer!

Señor de las excusas: En un combate, cuando tiras la toalla es game over.

Autor: Ésa es una de las ventajas del juego de la vida.

Que no es un combate.

Y sí, puedes hacerlo. Por suerte para ti, el juego sigue.

De hecho, ésa es otra diferencia entre la gente que se quiere y la que no.

Quien no se quiere, tira la toalla y ya está.

Quien se quiere, la tira y… luego la recoge.

Chica curiosa: ¿Y si no soy capaz de rehacerme?

Pollitortuguita: Si lo sigo viendo todo negro…

Autor: Persevera.

Sigue con tu plan ganador. Intenta esclavizar a tus demonios y ten claro que ser ganador es mucho más que ser positivo.

Chica curiosa: ¿Cómo esclavizo a mis demonios?

Autor: Te enseñaremos en “Sopa de demonios”.

Por ahora entiende que, aunque no sientas lo que quieres sentir, debes seguir aplicando estrategias de éxito.

Chica curiosa: ¿Sacando mi ganasolina de las emociones negativas?

Pollitortuguita: ¿Se puede hacer eso, míster?

Autor: Hay momentos en que la sacas de las piedras si hace falta.

Verás, Bruce Lee nos dijo:

Be water, my friend.

Y nosotros te decimos:

Be fire, my friend.

Chica curiosa: ¿Fuego?

Sí.

Sé fuego.

Sé fuego y aliméntate de tus obstáculos para crecer.

Evidentemente, cuando te enfrentes a algo que te supera, te sentirás menguado.

Pero ¿acaso no mengua el fuego cuando le echan un tronco nuevo?

Mengua, hasta que se hace con él. Y entre tanto, el fuego persiste.

Lo muerde una y otra vez, siempre en la misma dirección: hacia arriba.

Cuando su tesón lo calienta, cuando por fin lo hace digerible…

…aquello que antes lo amenazaba es ahora algo que lo hace más grande.

Sé tú así. Sé fuego.

Cuando algo te supere, cuando un reto amenace con consumirte, pregúntate:

¿Cómo puedo convertirlo en algo digerible para hacerme más grande?

Y es que el fuego, mientras existe, sólo tiene un propósito:

Crecer.

Como él, haz que los desafíos que te brinda la vida acaben formando parte de ti.

De tu nuevo yo.

De aquél más grande y poderoso.

El fuego no discrimina. Y tampoco tú:

Si es necesario, asarás incluso a tus demonios.

Chica curiosa: Pero ¿de verdad puedo aprovecharme de mis demonios?

Autor: Has oído bien.

Como verás en “El lado oscuro”, más de un ganador ha cogido a sus diablos por los cuernos y los ha puesto a trabajar para él.

Y, aunque la sopa de demonio no es lo que mejor sabe ni el mejor combustible para tu motor, es mejor usarlo que quedarte atrapado en tierra de nadie.

Pollitortuguita: Visto así, puedo con todo.

Señor del agobio: Claro, crack. Sin frenos.

Autor: No, crack. Con frenos.

Tu Mejor Tú: Y volante.

Recuerda que…

…la energía, sin control, sirve de poco.

Por eso, cuando te hayas rehecho, cuando hayas repostado mínimamente tu depósito de ganasolina, no cometas el error de morder más de lo que puedes masticar.

Céntrate cada vez en una cosa.

Chica curiosa: ¿Un ladrillo a la vez?

Autor: Sí.

Aplica la ley de la concentración.

PDE-ML