Procrastiplan

Puedes seguir mirando la escalera…
¡O subir por ella!

Admítelo. Tienes esa tendencia.

Por ejemplo, te has propuesto ir al gimnasio a cultivar ese cuerpo Ganador.

Y vale, las ganas no te sobran.

Pero, en lugar de decir:

“Estoy perro. No me apetece ir al gimnasio a mover hierro”.

Es mucho más “digno” salirse por la tangente. Hacer “pequeñas” modificaciones en el plan original.

Y venderte explicaciones del tipo:

“Sí, toca entrenar. Pero primero voy a consultar el correo, no vaya a ser que me deje algo importante por responder”.

“Claro que voy a ir al gimnasio. En cuanto le eche un ojo a Facebook para ver quiénes de mis amigas van a estar por allí también”.

“No me salto ni loca la clase de spinning. Pero tengo que maquillarme, no vaya a ser que el monitor se lleve una mala impresión de mí”.

Y así pasan los minutos o las horas.

Cuando por fin acabas eso “tan importante”, te percatas de que ha llegado el momento de irte a la cama o de cualquier otra cosa. Vale, no has hecho ejercicio, pero tenías una buena razón.

O vas. Tarde, pero vas.

Y luego le das un repaso mental a tu día. 

Y te das cuenta de que todo lo que has hecho es:

Pensar en el gimnasio.

Prepararte para ir al gimnasio.

Y, con mucha suerte, ir al gimnasio.

Todo un ejemplo ganador, ¿verdad?

Chica curiosa: Parece que me leéis la mente…

Tu Mejor Tú: Reconocer que lo haces ya es el primer paso.

Chica curiosa: Sí. Sobre todo lo del Facebook.

Pollitortuguita: Yo me echo una partidita al Tekken para coger impulso.

Pero… ¿cuándo acaba esa “partidita”? A veces nunca, ¿no es cierto?

En menor o mayor medida, esto lo hacemos todos.

Aplazamos las cosas importantes para después.

Las sustituimos por actividades más estimulantes o que requieren menos iniciativa por nuestra parte.

A menudo, racionalizarás este vicio de complicar lo sencillo.

Te contarás alguna gilipatraña que te suene más o menos aceptable.

Adulterarás el plan.

Te dirás que era urgente.

Que habría sido maleducado no responder a esta persona.

Que no te podías perder aquel episodio de tu serie favorita.

Que no sé qué programa de telebasura ocultaba la respuesta a todas tus crisis existenciales.

Al final, no son más que pretextos que nos damos a nosotros mismos para procrastinar sin sentirnos culpables.

Para ser reactivos, que siempre es más fácil que ser proactivos.

Para reemplazar con actividades insignificantes aquellas otras que podrían tener un impacto sobre nuestra vida.

En suma, para profundizar en lo superfluo.

Y, cuando te quieres dar cuenta, tu plan se ha convertido en un procrastiplán.

Para evitarlo, pregúntate a menudo:

¿Estoy siendo activo o productivo?

Porque no es lo mismo.

Como bien aconseja Timothy Ferris en su libro La semana laboral de 4 horas:

Céntrate en ser productivo, no en estar ocupado.

Y mucho ojo porque:

La actividad se hace pasar por productividad.

Así que estate preparado para desenmascarar a esa impostora.

Pues no es fácil. A menudo nos refugiamos en la primera para que nos duela menos evitar la segunda.

¿Recuerdas la pregunta mágica?

Pollitortuguita: ¿Cuál?

Chica curiosa: La de la brújula.

¿Hay algo mejor que podría estar haciendo en este momento?

Recuerda: la creatividad del cerebro humano es inconmensurable.

Especialmente cuando se trata de escaquearse.

Si te lo propones, puedes ser la persona más ocupada del mundo, sentirte importante por ello y no estar consiguiendo nada que merezca la pena en tu vida.

Y eso no es ganador.

¿Cuál era mi plan?, deberás recordarte. ¿Seguro que no se ha convertido en un procrastiplán?

Y otra pregunta que nunca falla:

Esto que voy a hacer, ¿qué impacto va a tener sobre mi vida dentro de diez años?

Al desarrollar el hábito de hacerte estas preguntas, te darás cuenta de que…

Todas esas cosas “urgentes” son en realidad irrelevantes.

Dentro de unos años su efecto habrá sido nulo o incluso negativo.

Otras veces la procrastinación se disfraza de perfeccionismo.

¿Has oído hablar de la parálisis por análisis?

Mucho cuidado con esto.

Conocemos a más de uno que se quedó esperando el plan perfecto. Y con esa excusa, se tiró media vida gusaneando en lugar de mover el culo.

Irónicamente, es justo al revés.

¿Quieres ser un estratega del éxito? Bienvenido al club.

Pero ten presente que la acción rápida enseña más que la planificación sesuda.

Pollitortuguita: Entonces mejor no comerme mucho la pinza, ¿no?

Autor: No. El análisis es fundamental.

Tu Mejor Tú: Especialmente cuando hay cosas que analizar.

¿Entiendes?

Aunque sólo fuese por generar mejores estrategias, necesitas lanzarte a la acción una y otra vez.

Así que bórdate esto en tu pijama:

Si te gustan los buenos planes, ama la acción. Pues ella
te da la experiencia que necesitas para planificar mejor.

Irónicamente, mucha gente encuentra en la búsqueda de la perfección una excusa para fracasar y rendirse.

Quiérete, sé honesto y dinos: ¿es tu caso?

Señor de la procrastinación: Os odio.

Pollitortuguita: ¡Toma ya! Otro de ésos…

Señor de la procrastinación: Estáis simplificando las cosas. ¡Maniqueos!

Autor: Entendemos que estés irritado, amigo.

Tu Mejor Tú: Desde luego, no se puede decir que te estemos dorando mucho la píldora…

Chica curiosa: Disculpad, ¿en qué decíais que trabajaba este señor?

Autor: Es Señor de la procrastinación, el Monstruo de la Procrastinación.

Tu Mejor Tú: El que, cuando tienes que hacer algo importante, te hace procrastinar.

Pollitortuguita: ¿Procristinar? Ya entiendo, míster.

Tu Mejor Tú: ¡Bien! Vas progresando.

Pollitortuguita: Si, es lo que pasa cuando, en lugar de estudiar historia para el examen, me hago pro Cristino…

Chica curiosa: ¿Pro Cristino, primo?

Pollitortuguita: Sí, cuando me pongo a tontear con Cristina.

Tu Mejor Tú: Casi, fenómeno, casi… Lo tienes ahí ahí.

Lo que está claro es que Señor de la procrastinación te va a liar a la mínima, así que has de estar muy alerta. Usará todo tipo de tácticas para que pospongas lo que has decidido que quieres hacer sin sentirte demasiado pecador.

¿Y por qué recurres a él?

Es como si quisieras disimular ante ti mismo.

Exactamente igual que lo hacías ante tus padres, cuando te preguntaban si habías hecho los deberes.

Pollitortuguita: Es verdad. Eso lo hago.

Tu Mejor Tú: Porque no te aceptas. Pero ¿recuerdas lo que aprendimos en “Sé científico”?

Chica curiosa: Que un ganador se acepta.

Autor: Así es. Y a veces es más eficiente aceptar que no te apetece y descansar.

Tu Mejor Tú: Una vez lleno tu depósito de ganasolina, las cosas se ven de otra manera.

Chica curiosa: ¿Y si aparece Señor de la procrastinación e intenta engatusarme?

Autor: Le invitas a una copa de pereza selectiva.

Como ya sabes, si aprendes a usar esta superherramienta llegarás mucho más lejos en la vida. Bien entrenada, llegará un punto en que todo lo que te propone Señor de la procrastinación te haga bostezar.

Y cuidado. Señor de la procrastinación tiene muchos disfraces. Además, ya has visto que no le faltan aliados. Por ejemplo:

— Señor de la desmotivación, que le ayudará a quitarte las ganas para hacer lo que tienes que hacer.

— Lo quiero aquí y ya, que te hará procrastinar todo aquello que no te dé resultados inmediatos.

— Señor de las excusas, que le va a brindar los mejores pretextos para escaquearte de la acción.

— Amazona de Confort, que te persuadirá para quedarte en tu zona cómoda.

— Señor de la distracción, que va a bombardearte con información y distracciones innecesarias, diseñadas para apartarte de la línea recta al primer descuido.

— Señor de lo extraviado​, que hará que pierdas de vista las razones que tienes para mover ese culo.

— Señor de la superstición, que a la mínima te invitará a que renuncies al método neto en favor de su predilecto: el método vudú.

Señor de la superstición: ¡Hey! ¿Pero no había que esperar a la presentación formal?

Tu Mejor Tú: Sí. Fallo nuestro. Lárgate.

Señor de la superstición: ¡Hay que ver! ¡Qué ingenuo soy!

Cuidado con esta pandilla, porque trabajan muy bien en equipo.

Con su incesante labor, conspiran para que en lugar de centrarte en las cosas importantes que de verdad pueden marcar la diferencia, te dediques más y más a profundizar en lo superfluo.

Y que te autosabotees, buscando siempre la forma de no triunfar.

Sin embargo, el verdadero ganador le ha perdido el miedo a la victoria. Y si bien es cierto que…

…no entrena para meter gol, sino que mete gol porque entrena…

…también lo es que cuando tiene la portería delante, no se lo piensa ni un instante. Da lo mejor de sí y tira a gol. Va a por todas.

Cambiando de metáfora: sale a ganar.

PDE-ML