La Ley De La Concentración

Todo aquello sobre lo que te centres, crecerá

Ponte al sol con una buena lupa. Concentra su luz en un solo punto de tu piel, hasta que…

Pollitortuguita: ¿Puedo parar ya?

Autor: ¿Cómo?

Pollitortuguita: Es que me está saliendo humo del brazo…

Chica curiosa: Sí, primo. Y además huele a…

Tu Mejor Tú: ¿Pollitortuguita quemado? Enhorabuena.

Acabas de experimentar el poder de la ley de la concentración en tus propias carnes.

Si el experimento de la lupa te parece muy peligroso, prueba este otro.

Toma un brick vacío, un cuchillo y una cuchara. Empuña la cuchara y trata de agujerear el envase.

Ahora inténtalo con el cuchillo.

¿Diferencias?

La energía de tu brazo se dispersa por la superficie roma de la cuchara. En cambio, cuando la reemplazas por el cuchillo, toda tu fuerza se concentra en la punta.

Cuanto más afilado esté y más puntiagudo sea, más fácil te resultará agujerear o cortar con él.

¿Por qué? Porque los recursos que empleas están más concentrados.

Por eso, si quieres hacer cortes limpios en la mediocridad que está asfixiando tu éxito, necesitas “afilarte”.

En otras palabras, concentrar tus recursos en las cosas que de verdad importan.

¿Qué recursos?

Tu cuerpo. Tu dinero. Tu tiempo.

Pollitortuguita: ¿Eso no eran mis chorros de poder?

Tu Mejor Tú: Fuentes de poder.

Pero sí, has captado la idea.

Tal y como viste en “Fuentes de poder”, te interesa cuidar y nutrir estos tres elementos vitales.

Y ahora te decimos que debes aplicar a ellos la ley de la concentración.

Pollitortuguita: ¿Cómo?

En lugar de enfrentarte a tu colosal visión de golpe, decide un pequeño paso y concentra todos tus recursos en completarlo.

Y luego ya darás otro. Y otro. Y otro…

No importa lo pequeño que sea ese paso, siempre que sea un paso clave en tu estrategia ganadora.

Pollitortuguita: Por ejemplo, ¿puedo aplicar la ley de la concentración en la dinámica de mi ciclo CCEF que más se beneficie de ello?

Autor: No puedes, debes.

A veces habrás avanzado mucho en crear o mejorar y en fidelizar.

¿Tu trabajo entonces?

Focalizarte más en convertir y en expandir.

Otras lo que necesitarás será dejarte de marketing y ponerte a trabajar en tu producto o servicio. En ocasiones, serás bueno llegando a gente (expandiendo), pero no despertando su necesidad de comprarte (convirtiendo).

Y aquí es donde la ley de la concentración acude a tu rescate.

¿Entiendes?

Para aplicar exitosamente la ley de la concentración, necesitas:

1. Reconocer elementos clave de tu estrategia.

2. Aplicar tus fuentes de poder en dichos elementos clave.

Chica curiosa: ¿Podéis ilustrarlo con un caso práctico?

Tu Mejor Tú: Claro.

Tomemos el dinero, por ejemplo. ¿Cuál es la diferencia entre gastar e invertir?

Imagina que tienes la visión de crear un canal de entretenimiento en YouTube y llegar el año próximo a generar lo suficiente en publicidad para dejar tu trabajo y vivir de ello.

Una semana después de establecer dicha meta, pasas por Decathlon y ves las zapatillas de tu vida. Sientes el impulso de comprártelas. Aunque ya tienes unas viejas que cumplen su función, te dices que con esas zapatillas vas a ir al gimnasio mucho más a gusto.

Pero, por un precio similar, existe un micrófono que puede ayudarte a mejorar un poco más la calidad de tus vídeos.

Pregunta:

¿Qué haría un ganador? ¿Qué sería gastar y qué invertir?

Señor de la distracción: ¿Lo menos divertido?

Tu Mejor Tú: ¿Por qué? ¿Por qué han de ser unas zapatillas más divertidas que un micrófono?

Ésa no es la verdadera diferencia.

Chica curiosa: ¿Y cuál es?

Autor: Que en el caso de las zapatillas hablamos de consumir

Tu Mejor Tú: Y en el del micrófono, de producir.

Señor de la desmotivación: Eso. Trabajar. Un coñazo.

Y de nuevo te preguntamos:

¿por qué?

¿Por qué ha de ser hacer cosas para un proyecto que te ilusiona y estimula menos excitante que comprarte algo que ni siquiera es un elemento clave de tu estrategia?

Señor de los borregos: ¿Qué queréis? ¿Que el lector viva para producir?

Autor: No.

Sólo que entienda que producir no tiene por qué ser menos divertido que consumir.

Piénsalo.

¿Por qué limitarte a experimentar lo que te ofrece el universo cuando puedes participar en él?

De hecho, cuando vives en tu don, lo que produces suele ser más glamuroso que lo que consumes.

El problema es que la mayoría de la gente produce dándole la espalda a su superpoder.

Por eso es tan fácil convencerla de que consumir es más divertido que producir.

Únele a eso que, cuando alguien quiere que compres su producto, le interesa que identifiques “felicidad” al consumo y no a la creación, y entenderás por qué somos tan vulnerables a la enfermedad del siglo.

Chica curiosa: ¿La enfermedad del siglo?

Tu Mejor Tú: Sí.

Consumir sin producir.

Lo quiero aquí y ya: ¡Qué paranoicos!

Autor: Y sin embargo, todos esperamos el milagro.

Pollitortuguita: ¿Qué milagro?

El milagro del consumo.

Ese producto que te cambiará la vida.

Esa píldora mágica para el dolor, aquella pastilla para la felicidad, el cochazo que te hará ligar, la casa que tornará feliz y armónica tu vida familiar.

O esas zapatillas que te convertirán en un atleta.

Chica curiosa: Entiendo. Y el milagro no termina de llegar.

Tu Mejor Tú: No, nunca llega.

Porque el milagro siempre consistió en producir, no en consumir.

Siempre tuvo más que ver con el micrófono que con las zapatillas.

Pollitortuguita: Misters, no lo veo.

Tu Mejor Tú: ¿Por qué, crack?

Pollitortuguita: Lo del micro.

Tu Mejor Tú: ¿Lo del micrófono?

Pollitortuguita: Sí. Es que yo no piloto nada de hacer vídeos…

Autor: Es sólo un ejemplo.

Si hubiésemos usado el de alguien que quiere ser un entrenador de fitness, entonces las zapatillas serían elemento clave en su estrategia, y el micrófono sólo un capricho.

Así que aplica el mismo principio a tu caso personal.

Reemplaza “ese micrófono para mejorar tus vídeos” por “la pieza de la guitarra que te acercará un paso más al estrellato” o “aquellos libros extra que van a darte ventaja en la carrera que estudias” o “estas clases de actor”.

O lo que quiera que se aplique a tu visión, metas y plan ganador.

La cuestión es que, si te sirves de la ley de la concentración con tu dinero, verás que puedes convertirlo en un empleado tuyo.

Chica curiosa: ¿Alguien que trabaja para mí? Interesante.

Tu Mejor Tú: Exacto.

En lugar de concebir el dinero como algo para pagarte caprichos – que es lo que hace el 99% de la gente –, empieza a imaginarlo como el principal trabajador de la corporación que posees.

Pollitortuguita: ¿Mi propia corporación? Qué va… Si yo soy un curreta.

Chica curiosa: Doy fe. Si te dicen algo de “espíritu emprendedor”, te crees que es una peli de fantasmas.

Pollitortuguita: Ya te vale, prima…

Chica curiosa: Te lo digo con cariño, tonto.

Pollitortuguita: Búrlate tú, que eres muy negocianta. Pero yo…

Nunca he tenido una empresa.

Tu Mejor Tú: ¿Cómo que no?

Autor: ¿No recuerdas quién es el CEO de la Yomimeconmigo Corporation?

Como ya te adelantamos en “Sé artista”:

Todo ganador es emprendedor.

Independientemente de que te constituyas como sociedad limitada, autónomo o trabajes por cuenta ajena, al final siempre eres tu propia empresa.

Pollitortuguita: Yo soy el tercero. Siempre trabajando para alguien.

Tu Mejor Tú: ¿Y qué? ¿Acaso no hay negocios que sirven a otros?

Por eso, si trabajas para otro, empieza a concebirte como la empresa que provee servicios a dicha empresa.

Chica curiosa: Está claro. Siempre trabajamos para la Yomimeconmigo Corp.

Pollitortuguita: Vale, lo capto.

Chica curiosa: Y debemos usar la ley de la concentración con nuestro dinero.

Tu Mejor Tú: Con todo.

Te hemos puesto el ejemplo del dinero, pero es fácil ver cómo la ley de la concentración se aplica igualmente a las otras dos fuentes de poder.

O sea, a tu cuerpo y a tu tiempo.

Pollitortuguita: ¿A tu cuerpo?

Autor: Sí. A su energía. O, siendo más técnicos, a su ganasolina.

Volviendo al ejemplo anterior, imagina que vas a ser creador de contenido audiovisual.

Pollitortuguita: ¿Un youtuber?

Tu Mejor Tú: Mismamente.

Y pregúntate:

¿Cuánto tiempo y energía dedicas a chatear con esa chica que no te hace mucho caso?

Pues podrías estar invirtiéndolos en guionizar uno de tus vídeos.

Quién sabe. Cuando tengas un canal exitoso contarás con cientos de fans igual o más atractivos que ella.

Y quizás será ella la que se interese por ti y no al revés.

Pollitortuguita: ¿Tan atractivas como Marga?

Chica curiosa: O más, primo, o más.

Tu Mejor Tú: Efectivamente.

¿Acaso has olvidado que puedes aplicar el ciclo CCEF tanto al éxito en el amor como a proyectos personales?

Así que:

Ese tiempo y energía que dedicas a tratar de impresionar.

¿por qué no invertirlo en hacerte impresionante?

Tu problema es que estás volcado en perseguir a la mariposa cuando deberías consagrarte en crear un jardín que la atrajese.

Por lo tanto, ¿qué tal si dejas un poco al bicho tranquilo y te centras en perfeccionar tu imán de mariposas? Cuando lo hagas, seguramente vendrá ella solita a chupar polen.

Lo quiero aquí y ya: Sí, claro. Algún día…

Señor de la desmotivación: Menudo chafón de lugar este.

Autor: Mejor “algún día” que “nunca”, ¿no crees?

Lo quiero aquí y ya: ¡Os odio!

Tu Mejor Tú: Normal. Te tenemos fichado, elemento.

Así es.

Lo quiero aquí y ya nos ofrece la promesa del aquí y ya a cambio de que renunciemos a planes realistas.

Lo quiero aquí y ya: ¿Y cuál es el problema?

Tu Mejor Tú: Que nunca cumples tu palabra.

Deja de perseguir la satisfacción instantánea, porque es una trampa.

En cambio, usa la ley de la concentración como un láser que te ayudará a forjar cosas sólidas.

Y verás que, al hacerlo, le sacas más partido a tu ganasolina.

Chica curiosa: Vale. Creo que ya sé de qué va el próximo capítulo.

Pollitortuguita: ¿De qué, prima?

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