Gana Primero, Lucha Después

Vas a llegar a tu destino quieras o no.

Lo único que decides es si va a ser un destino que
has diseñado o que no has diseñado.

Gana primero. Lucha después.

O dicho de otro modo:

Gana de antemano.

Si eres un samurái, es posible que te suene de algo. A fin de cuentas, es uno de los principios básicos de su código.

¿Quieres ser un ganador? Pues no olvides que:

Un ganador es un estratega.

Un estratega de su felicidad.

Por supuesto, habrá gente que te diga que es mejor no planificar las cosas.

Y toda esa gente suele tener algo en común:

Son atrapados.

Por lo general.

Se trata de los mismos cuya vida apesta a mediocridad y a potencial desperdiciado.

Chica curiosa: Creo que conozco a unos cuantos así.

Autor: Sí. Los reconocerás, entre otras cosas.

Porque para ellos el éxito es cuestión de suerte.

Y, como es lógico, se ven y sienten como víctimas.

¿Por qué son una sombra de lo que podrían ser?

Fácil. Porque tienen mala suerte.

Sin embargo:

A aquello que ellos llaman “mala suerte”, nosotros lo llamamos “mala estrategia”.

Mucho cuidado con ellos.

Pues, dentro de este grupo, incluso aquellos que te aprecian, puede que en el fondo no quieran verte despegar. Consciente o inconscientemente, no les hace demasiada ilusión que te pongas las pilas.

Chica curiosa: ¿Por qué?

Tu Mejor Tú: Porque, a medida que lo hagas, ellos empezarán a quedar en evidencia.

Autor: Y a sentirse menos cómodos con las excusas que se dan.

Con su canto de sirena, Amazona de Confort los subyugó hace tiempo.

Y ahora son atrapados, incapaces de entender que:

No planificar = Planificar el fracaso

Lo quiero aquí y ya: Pero… ¿y qué hay de la improvisación?

Señor de las excusas: Sí. La inspiración, el arte…

Tu Mejor Tú: Claro. Porque, como todo el mundo sabe:

La creatividad y la planificación son totalmente incompatibles, ¿verdad?

Lo quiero aquí y ya: Verdad.

Pues no.

Ésa es otra de las mentiras más dañinas de la historia.

Y es la que lleva a muchos a confundir la reactividad con la espontaneidad.

“Déjate llevar…”, te gritan. “Sé libre.

Cuando la traducción sería:

“Reacciona a los estímulos que te suministramos… Sé un esclavo”.

Y, si eres algo inteligente y abres bien tus sentidos.

Te darás cuenta de que detrás de un déjate llevar siempre suele haber alguien que trata de venderte algo o conseguir ciertas cosas de ti.

Si lo piensas, tiene sentido.

Porque…

¿Qué pasa si te convencen de que cuando “te dejas llevar” (es decir, cuando reaccionas a algo) eres más espontáneo que cuando diseñas tu propio destino?

Pues que te están haciendo más manipulable.

En “La trampa de lo espontáneo” aprenderás que:

Aunque espontáneo suele asociarse a libre o impredecible.

En realidad dejarte llevar por tus impulsos te suele hacer menos libre y más predecible.

Y, por lo tanto, más manipulable.

Pero no va a ser tu caso estimado lector.

Tú que estas aquí, estás en ventaja con toda esa gente.

Como futuro experto en psicología del éxito, has de tener claro que la planificación es uno de esos superpoderes que nos distingue de otros animales.

Y que no sólo NO es enemiga de la creatividad y la improvisación, sino que además…

¡Las favorece!

Pollitortuguita: ¿En serio, míster?

Autor: Claro, porque:

Cuando sabes a dónde vas, puedes relajarte y disfrutar del viaje.

Pollitortuguita: No… no os sigo.

Tu Mejor Tú: Es muy sencillo.

Cuando tienes un esquema, unas pautas, una idea clara de tu rumbo, te puedes relajar.

Y al relajarte, puedes invocar una clase de creatividad que rara vez aparece bajo la incertidumbre y ansiedad.

Pollitortuguita: ¿Algún ejemplo?

Autor: Imagina que quieres pintar un cuadro…

Chica curiosa: ¡Bien! Soy pintora.

Tu Mejor Tú: Y, cuando empieza a apetecerte de verdad, descubres que te faltan pinceles…

Autor: O que no tienes un lienzo de repuesto. ¿Cómo te vas a sentir?

Pollitortuguita: Me va a cortar el rollo.

Autor: En cambio, si te has puesto en modo avión, preparado comida por si te entra hambre, abastecido la nevera con tu bebida favorita y el reproductor con la música que más te inspira…

Tu Mejor Tú: En suma, si has planificado lo más importante, ¿qué crees que va a pasar?

Chica curiosa: Voy a poder centrarme más. Y vivirlo a tope.

Tu Mejor Tú: Y dejarte llevar sin ningún miedo, pues lo esencial estará bajo control.

Pollitortuguita: Vale, me lo voy a pasar mejor.

Autor: Correcto. Tu experiencia será mucho más gratificante. Y, al relajarte y disfrutarlo, vas a ser más creativo.

Aplícalo a todo en la vida.

Si te quieres a muerte, ¿vas a permitir que otros o las circunstancias planifiquen por ti?

Señor de las excusas: Era un ejemplo fácil.

Lo quiero aquí y ya: Lástima que no tenga ninguna transcendencia.

Autor: La tiene.

El problema es que tendemos a ignorar el impacto de esas pequeñas cosas que, acumuladas, producen grandes cambios.

Pero, si algo distingue a los ganadores, es su capacidad no sólo para verlas, sino también para apostar fuerte por ellas.

Por ejemplo, toma al que fuera rey de España, don Juan Carlos I.

Señor de las excusas: Ya sabía yo que erais un poco casposos.

Autor: Esto no tiene nada que ver con la ideología.

Tu Mejor Tú: Y mucho que ver con el peso de un buen plan.

Independientemente de que simpatices con la monarquía, la odies con toda tu alma republicana o abraces cualquier otra opción política, como ganador has de aprender a reconocer un gran estratega en acción.

Y eso es exactamente lo que fue Juan Carlos durante la transición.

Si hay algo en lo que la mayoría de analistas coinciden es en que jugó sus cartas de un modo magistral. Al menos si nos atenemos a la versión oficial de lo que sucedió.

Pero ¿qué le permitió liderar a todo un país hacia la transición democrática en una situación política tan compleja como delicada?

Tras casi cuarenta años de dictadura y en la situación en que se encontraba España al terminar el año 1975, resulta difícil imaginarse una estrategia más eficaz para sortear tantos peligros de forma fluida y sin derramamientos de sangre.

¿La clave?

Cuando llegó el momento de ejecutar su plan.

El rey llevaba muchos años trabajando en él.

Esto no sólo requirió una meticulosidad casi quirúrgica en la aplicación.

Sino ante todo una fe absoluta en el poder de una estrategia.

Lo quiero aquí y ya: Exageráis.

Autor: Eso es lo que tú intentas que creamos.

Lo quiero aquí y ya quiere que desprecies el inmenso peso de los pasos que existen entre tu situación actual y tu visión.

Desea que vayas a por lo que quieres de forma directa. Cuando exista un muro, te incitará a comértelo una y otra vez. Y si buscas un camino indirecto para sortear dicho obstáculo, te dirá que…

Lo quiero aquí y ya: ¡Son pajas mentales!

Chica curiosa: ¿Cómo?

Lo quiero aquí y ya: Especulación pura. Está todo en el aire.

¿Lo ves? Ese tipo de mensajes.

Y aunque cualquier persona medianamente inteligente puede entender el valor de los pasos intermedios de una estrategia.

Sólo los auténticos números uno son capaces de sentir dicho valor.

O sea:

Donde la mayoría ignora el valor de la estrategia intangible y algunos llegan a verla.

El ganador experimenta dicho valor en sus carnes.

Por eso, él lucha tanto por los pasos intermedios como por su meta final.

Para él:

Cada peldaño que conduce a lo que desea, lo seduce y arrastra tanto como aquello mismo que desea.

Y ésa es la gran diferencia.

¿Te suena lo que le dijo Sócrates a su discípulo tras casi ahogarlo?

Chica curiosa: Sí. Que sería su maestro cuando desease el conocimiento como respirar.

Tu Mejor tú: Así es.

Le dijo algo como:

Cuando desees el conocimiento como deseas el aire.

Estarás preparado para hacerlo tuyo.

Pues nosotros te decimos:

Cuando desees el paso intermedio con la misma violencia que la meta final.

Estarás preparado para alcanzarla.

Como siempre, el problema es que la falta de aire se experimenta de forma más violenta que la de conocimiento.

Aunque, a la larga, ambas tengan consecuencias desastrosas.

Lo quiero aquí y ya: Tonterías. El aire es más importante.

Tu Mejor Tú: Como todo lo que puedes sentir ahora, ¿verdad?

Porque, como ya sabes, su filosofía siempre es:

Vive ahora. Paga luego.

Por eso, nos hace apasionarnos más por una promesa irracional de éxito inmediato que por los pasos racionales que nos llevarían a él.

Pero… ¿no es cada peldaño que lleva al éxito un ingrediente esencial de éste?

¿Cuánto más ganadores seremos si aprendemos a experimentar un deseo tan violento por ellos como por aquello hacia lo que conducen?

Moraleja:

Enamórate de cada paso de tu estrategia.

Cuanto más lo logres, más proactivo y menos reactivo serás.

Tú decides.

Puedes desilusionarte al no ver la casa.

O puedes ilusionarte convirtiendo cada ladrillo que pones en una obra maestra.

Los ganadores lo saben.

Pollitortuguita: ¿El qué?

Autor: Saben que:

Incluso las torres más altas empiezan en el suelo.

Y nadie puede demostrarte que la que tú estás levantando no es una de ellas.

Señor de la desmotivación: Aunque seguramente no lo sea.

Tu Mejor Tú: Es una forma de verlo.

Pero ¿te potencia o te limita?

Además, todo aquel que ha llegado lejos ha debido enfrentarse a esa duda.

Si esperas a triunfar para creer que puedes triunfar, lo tienes crudo.

Tanto como aquel que le dice al árbol:

Si me das naranjas, te riego.

Pero el agua y los nutrientes han de llegarle antes al árbol.

En este caso, el árbol es tu vida y el agua.

Y los nutrientes, el trabajo y la ilusión que tú le pones.

Así que:

¿Vas a convertirte en una víctima de los estímulos que recibes?

¿O vas a diseñar la mayor parte de dichos estímulos?

Recuerda:

Vas a llegar a tu futuro quieras o no.

Lo único que decides es si va a ser un futuro que has planeado o que no has planeado.

Y créenos que es mejor llegar al que planeaste.

Pollitortuguita: Vale, pero ¿eso no es?…

Señor de la desmotivación: …como añadir más trabajo al trabajo, ¿verdad?

Pollitortuguita: Si. Suena a curro.

Mucho curro.

Amazona de Confort: Te entiendo, bonito. Ven, que te abrace.

No, lector.

No caigas en eso.

Mejor, cobra conciencia de los peligros que acarrea la planificación, que también los hay. Y aprende a evitarlos.

Pues es cierto: hay gente que se queda atrapada en su propio plan.

Con el pretexto de diseñar un plan, acaban atrapados en un…

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