Administra Tu Ganasolina

No malgastes tu potencial luchando contra la tentación.

¿Sabes lo que pasa cuando profundizas en lo superfluo? Que vacías tu depósito en el trayecto equivocado.

¿Nuestro consejo? Usa la ley de la concentración, que acabas de aprender, para esforzarte con las cosas realmente valiosas para ti.

Es decir:

Concentra tu ganasolina en aquello que puede marcar una diferencia real en tu vida.

Si desperdicias tu ganasolina en cosas que no van a ninguna parte, se te irá escurriendo a lo largo del día como agua entre tus manos

Señor de los borregos: Lleváis un siglo usando esa palabra inútil.

Señor de las excusas: Y ni siquiera dejáis claro si la ganasolina es energía física o mental…

Autor: Es ambas.

Tu Mejor Tú: Porque están muy vinculadas.

Señor de las excusas: Craso error. La energía física hay que administrarla.

Señor de los borregos: En cambio, la fuerza de voluntad es inagotable. Lo sabe todo el mundo.

Tu Mejor Tú: Entonces, todo el mundo se equivoca.

Y este lugar hace más falta aún de lo que creíamos.

La noción de que la energía mental es ilimitada es una de las falsas creencias más dañinas que existen.

Chica curiosa: ¿Por qué?

Porque puede llevarte a creer que necesitas más fuerza de voluntad, cuando lo que en realidad te hace falta es dejar de malgastar la que tienes.

Porque tu depósito no es ilimitado.

Y tu trabajo como ganador es:

1. Llenar al máximo tu depósito de ganasolina.

2. Buscar agujeros en dicho depósito e ir tapándolos.

Por desgracia, la mayoría de nosotros se dedica a hacer nuevos agujeros.

Estamos tan habituados a sangrar con todos nuestros recursos que nos parece normal.

Y la ganasolina no es una excepción.

A veces discutirás con un familiar por una soberana tontería.

Te cabrearás con ese conductor que acaba de adelantarte por la derecha y al que no vas a volver a ver en tu vida.

Quizás te afecta más de la cuenta ese vecino que se pasa por el forro el respeto a la comunidad.

¿O acaso se ha convertido en algo personal matar al malo de tu videojuego favorito?

Puede que simplemente leas una noticia polémica en Facebook sobre política, fútbol o cualquier otro tema que te provoque reacciones apasionadas.

Y, sin darte cuenta, te ves arrastrado a participar acaloradamente en el debate.

La cuestión es: ¿a santo de qué te esfuerzas por cambiar la opinión de gente que no tiene la menor intención de modificarla?

Chica curiosa: Vale, no tengo que gastar mi ganasolina en chorradas.

Señor de la distracción: ¿Y vas a poder resistirte a la tentación?

Señor de la desmotivación: Yo no lo haría. Intentarlo ya cansa…

Correcto.

Incluso resistirte a la tentación de malgastar tu ganasolina en sí mismo consume ganasolina.

Usando nuestra terminología, también te hace sangrar.

Chica curiosa: ¿Entonces? ¿Qué hago?

Autor: ¿Qué tal si eliminas la tentación de tu vida directamente?

Señor de la distracción: ¿Seríais capaces de hacerme eso a mí?

Tu Mejor Tú: Muy capaces.

Señor de la distracción: ¿Os he dicho ya lo mal que me caéis?

Lógico.

No puede decirse que apoyemos mucho su causa.

Y, aunque ya te dimos algunas pistas en “Modo avión”, “Método neto” y “Coste de oportunidad”, en breve te mostraremos cómo explotar al máximo esta idea de suprimir todo aquello que nos incita a desviarnos.

Lo verás en el siguiente capítulo: “Entorno ganador”.

Señor del agobio: ¿Qué clase de filosofía ganadora es ésa?

Autor: La que atrae al éxito.

Señor del agobio: ¿Diciéndole al lector que es débil? ¿Que no va a poder superar una mera tentación?

Autor: Por enésima vez: espera tu turno.

Y no.

No negamos tu capacidad para resistirte a emplear energía mental en chorradas.

Pero ¿recuerdas lo que te acabamos de enseñar?

Chica curiosa: Que resistirme a una tentación consume ganasolina.

Autor: Así es.

Como acabas de ver:

Incluso hacer frente a la tentación de no malgastar ganasolina ya te hace malgastar ganasolina.

Pero eso no es lo único que te hace sangrar ganasolina.

Lo cierto es que los agentes que causan agujeros en tu depósito pueden venir en muchas formas y tamaños.

Por ejemplo, no olvidemos los problemas físicos. Aunque solemos aceptarlos como parte de nuestro día a día, a menudo encabezan la lista de los vampiros de energía.

Párate un momento a pensarlo.

¿Cuántas veces has invertido lo mejor de ti batallando un resfriado o sobreviviendo a ese dolor de muelas?

¿Te has visto abatido por una úlcera de estómago? ¿Has padecido alguna de esas enfermedades que maltratan tu cuerpo y tu mente a la vez?

Tanto si hablamos de una infección, de una patología crónica o de los músculos de tu espalda… ¡tu dolencia te está restando ganasolina!

Porque todo cuenta, ¿recuerdas?

Chica curiosa: Otra razón más para ir a por ese cuerpo G: más ganasolina.

Tu Mejor Tú: Sí, hay que estar muy pendiente de ella.

Porque, de lo contrario, se te vaciará el depósito antes de que te des cuenta.

A veces por desafíos serios. Y otras, por auténticas chorradas.

¿Cuándo fue la última vez que te pasó?

Regresas a tu venerado proyecto personal, ese que va a cambiarte la vida para siempre, pero sientes que te faltan las ganas que tenías antes.

Te cuesta encontrar la motivación.

Ahora bien…

¿Estarías así si no hubieses invertido toneladas de energía emocional en esa tonta discusión?

¿De verdad habrías enfermado si te hubieses alimentado con comida en lugar de todas esas porquerías que te atizas?

Porque lo cierto es que…

Energía sólo hay una.

Física o mental, sólo hay una.

Así que adminístrala sabiamente.

Habrá, como Señor de los borregos y compañía, quien te asegure que la fuerza de voluntad es ilimitada.

Que la mente es una especie de entidad espiritual separada del universo físico.

Que le puedes meter tanta caña como quieras.

Falso.

Como acabas de aprender, la energía de tu cuerpo afecta a la energía de tu mente, y viceversa.

Por eso, aunque en el largo plazo puedes entrenar y fortalecer ambas, ninguna de las dos es “ilimitada”.

Cada vez que te llevas un disgusto, cada vez que algo te enferma, cansa, estresa o irrita, estás empleando “gasolina emocional” en sobreponerte o hacer frente al reto.

Cuandoquiera que te esfuerzas por vencer una tentación, lo mismo.

Quien te diga lo contrario, probablemente sea un pariente cercano de Señor de las excusas.

Una de esas personas a las que les gusta hablar mucho y hacer poco.

Como aprendiste en “Vive tu credo”:

Todo puede defenderse en el plano teórico.

En la práctica, te recomendamos que seas un poco más humilde.

Concibe tu depósito como algo limitado.

Pollitortuguita: ¿Como el depósito de gasolina de mi scooter?

Tu Mejor Tú: Exacto. Por eso llamamos ganasolina a la energía que todo ganador necesita administrar.

Si has dormido bien, tu depósito de ganasolina se reposta totalmente cada mañana.

Y lo hace parcialmente tras una siesta, un rato de relax, un zumo de verduras, etcétera.

Por eso:

Nunca tomes decisiones importantes con sueño o con hambre.

En un experimento muy revelador divulgado por Daniel Kahneman, se les pide a los sujetos que resuelvan un complejo problema matemático.

Chica curiosa: ¿Puedo resolverlo yo?

Tu Mejor Tú: Ésa no es la finalidad del experimento, crack.

Chica curiosa: ¿Ah no?

No.

Lo verdaderamente revelador es que, tras llevar a cabo dicho esfuerzo mental, es mucho más probable que opten por comer comida basura.

En otras palabras:

Han agotado su depósito de ganasolina resolviendo el problema matemático y apenas les queda nada para enfrentarse a la tentación de esa pizza o esa tarta.

Chica curiosa: Ya entiendo.

Autor: ¿Qué entiendes?

Chica curiosa: Que tanto la actividad intelectual como resistirse a una tentación consumen ganasolina.

Tu Mejor Tú: Exacto.

Por eso, has de ser realista y tener todo esto en cuenta cuando establezcas tus metas.

De lo contrario, sólo vas a experimentar todo tipo de frustraciones.

¿Entiendes ahora por qué los populares propósitos de Año Nuevo acaban marchitándose antes de febrero?

Señor de los borregos: ¿Qué insinuáis?

Tu Mejor Tú: Que reconocerás a un atrapado porque espera que el cambio llegue de fuera, no de dentro.

En forma de nuevo gobierno, de boleto de lotería o fecha en el calendario.

Pero la persona que se quiere no necesita esperar al 1 de enero para revolucionar su vida, porque:

Para un ganador, cada día es Año Nuevo.

Por eso los ganadores se felicitan así el año:

¡Feliz dos mil kaizen!

Pues entienden tanto el poder de la mejora incremental como el error de juzgar ilimitado su depósito de ganasolina.

Acéptalo:

Empezar una dieta, dejar de fumar, iniciar ese espartano programa de ejercicio, escribir el libro de tu vida, rendir mejor que nunca en el trabajo, ser la mejor pareja del mundo y apuntarte a clases de chino mandarino…

Chica curiosa: Es mucho pedirle a un solo día, ¿no?

Tu Mejor Tú: Más bien.

A menos, claro está, que hayas diseñado un superplán ganador que tenga muy presente la forma de reponer toda la ganasolina que te va a suponer tanto desafío.

Pollitortuguita: ¡Ufff!… ¡Ya te digo! Se me seca el depósito sólo de pensarlo.

Chica curiosa: Primo, ¿pero entonces? ¿Lo que dice el abuelo?

Pollitortuguita: ¿Lo de que cuanto más tetuda mejor?

Chica curiosa: ¡No, tonto! Lo de entrenar la voluntad.

Pollitortuguita: ¿Cómo?

Chica curiosa: El abuelo dice que se puede entrenar la voluntad. ¿Es mentira?

Autor: No. Es igual que la fuerza física.

Si un día te das un palizón en el gimnasio o en una maratón, ¿cómo te vas a sentir? ¿Con más o con menos energía?

Chica curiosa: Más cansada.

Pollitortuguita: Sí. Ese día me va a pesar hasta el cepillo de dientes.

Tu Mejor Tú: ¿Y si te ejercitas regularmente?

Autor: A la larga, ¿vas a tener más o menos energía?

Chica curiosa: Más, más…

Correcto, porque ¿verdad que los deportistas tienen más energía que los amantes del sofá?

Con la fuerza de voluntad ocurre lo mismo. Es como un músculo. ¿Recuerdas la analogía de “Sé músculo, amigo”?

Estrictamente hablando, la metáfora del depósito de ganasolina no es del todo perfecta.

Pollitortuguita: Porque el depósito se puede ir haciendo grande con el tiempo…

Autor: ¡Muy bien, fenómeno! Efectivamente, es como un depósito vivo, que crece.

Cuando apuras tus reservas, ese día tienes menos. Pero si lo vacías regularmente, dicho depósito se va haciendo más y más grande.

Ahora bien, aunque es potenciador apurarlo dando lo mejor de ti y entrenar así tus “músculos emocionales”, ¿vas a agotarlo profundizando en lo superfluo?

¿No será mejor avanzar hacia tu visión?

Chica curiosa: O sea, que no es esforzarte por esforzarte…

No. Porque:

Cada vez que te esfuerzas por esforzarte, pierdes la ocasión de esforzarte por algo.

Siempre que consumes ganasolina en algo que no va a ninguna parte, pagas un coste de oportunidad.

Resumiendo: sangras.

Así que, en lugar de quemar ganasolina apretando sin más el acelerador, ¿por qué no la usas para recorrer kilómetros que te acerquen a tu meta?

¿Quieres consumirte en chorradas? Luz verde.

Pero sólo después de haber terminado lo más importante.

Acostúmbrate. Evocas tu visión, recuerdas tu plan ganador y te preguntas:

¿A dónde te llevan tus pasos?

¿Qué tratas de conseguir?

¿Estás siendo neto?

Señor de las excusas: Lástima que “ganasolina” sea, después de todo, un concepto defectuoso.

Chica curiosa: ¿Cómo? ¿Por qué?

Señor de las excusas: Dicen que es tanto energía física como mental…

Chica curiosa: Sí…

Señor de las excusas: Pero hay cosas que te dan energía física y te quitan energía mental. Y viceversa.

Tu Mejor Tú: Es cierto.

Autor: Pero la ganasolina hace referencia al balance final.

Tu Mejor Tú: O sea, ¿es positivo o negativo?

Chica curiosa: ¿Qué queréis decir?

Muy fácil.

Imagínate que hacerte un licuado de verduras te lleva diez minutos y cierta energía mental.

Desde ese punto de vista, podría parecer que te resta ganasolina.

Sin embargo, al optimizar tu cuerpo, la energía que te va a dar ese día y otros posteriores es mayor que la que has invertido en hacerlo.

El balance total será positivo.

En términos absolutos, te da ganasolina.

Autor: Y si además reduces los elementos que restan energía mental o física, el balance va a ser aún más positivo.

Chica curiosa: Pero un zumo de verduras siempre me va a llevar el mismo trabajo, ¿no?

Tu Mejor Tú: O no.

Igual un día te regalan una licuadora más fácil de limpiar.

Algo que hace el proceso más sencillo o divertido.

En otra ocasión descubres que escuchando audiolibros motivadores te aburres menos y te motivas más, lo que aumentaría más aún el diferencial positivo.

Chica curiosa: ¡Lo capto!

Hay que hacer que el proceso sea cada vez más divertido y fácil…

Tu Mejor Tú: Así es.

De esta forma, aumentarás paulatinamente el diferencial positivo de energía. Es decir, mejorarás el balance.

Pollitortuguita: ¿Y en cristiano?

Autor: Que has de hacer que el zumo y el proceso de hacerlo te dé cada vez más ganasolina y te consuma menos.

Resumiendo: aplica el kaizen.

Al licuado de verduras y a todo lo demás.

Comprométete a hacer cambios, de por vida, que aumenten la energía que te da.

Y que disminuyan la que te quita.

Hazlo y cada día tendrás más ganasolina para las cosas que te importan de verdad.

Señor de la desmotivación: Mucha historia, pero ¿tanto rollo para qué?

Tu Mejor Tú: Para usar mejor tu ganasolina.

Señor de la desmotivación: Pero al final hay que esforzarse igual. ¿Qué diferencia hay?

Mucha.

Y para convencerte de ello, te proponemos el siguiente ejercicio:

Reserva dos días seguidos.

El primero vas a dejarte la piel en cosas que no te llevan a ninguna parte.

El segundo, en lugar de objetivos aislados, perseguirás metas que serán parte esencial del engranaje de esa obra de arte que llamas tu vida.

Observa cómo te sientes ambos días y apunta las diferencias.

Chica curiosa: ¿Y puedo además hacer cambios en el proceso y en lo que me rodea para gastar menos ganasolina?

Tu Mejor Tú: Por supuesto.

Puedes modificar tantas cosas como quieras para sangrar cada vez menos recursos.

De hecho, no puedes: debes.

Pollitortuguita: ¿Debo?

Autor: Sí.

Debes ponerte de inmediato a diseñar tu entorno ganador.

PDE-ML