La Amnesia Del Ganador

¿Quieres recordarlo?
Vívelo.

A veces pasa.

Plantas tu semilla. La riegas, la abonas. Haces bien tu trabajo y empiezas a ver resultados.

Y tú te crees todo un agricultor.

Pero entonces llega la nueva estación de siembra y… ¡has olvidado tu arte!

O escalas esa montaña, pero te acabas acomodando en la cima. Pasa el tiempo. Y, cuando quieres volver a hacerlo, ya no te sientes capaz.

Todo lo que funcionaba, parece que ha perdido su poder.

Pero ¿es realmente así? ¿O acaso has dejado de aplicar tu propia fórmula? ¿No será que no estás haciendo lo que hacías?

El deseo que te hacía pensar en grande, ya no está ahí. Ni esa humildad que te permitía trabajar en pequeño. Te tatuaste “kaizen” en la espalda, pero llevas tiempo dándole la espalda.

Igual que a tu superpoder.

¿Y qué nos dices de ese locus de control? Esos pequeños avances te han reblandecido y ahora eres un adicto de la validación exterior. De hecho, necesitas todo tipo de estímulos superfluos y ya no puedes vivir sin sacarina mental.

¿Qué ha pasado? Eres prácticamente otro animal.

Y lo peor es que apenas recuerdas nada.

Chica curiosa: ¡Qué poético!

Tu Mejor Tú: ¡Y qué trágico!

Chica curiosa: Puede ser. Por cierto, ¿nos conocemos de algo?

Pollitortuguita: No sé, prima… Me suena su cara.

Tu Mejor Tú: Socio, esto no me gusta nada.

Autor: Un poco raro, sí.

Tu Mejor Tú: El ataque de amnesia está siendo más virulento de lo que esperábamos.

Autor: Efectivamente, prepárate. Vas a hacer más falta que nunca, compañero.

Tu Mejor Tú: Voy preparando la pócima de la excelencia.

Autor: Cuento contigo. Nuestros alumnos están perdiendo el norte.

Señor del olvido: ¿Er norte? ¿Ezo qué é lo que é?

Tu Mejor Tú: ¿Y este engendro? Es casi más feo que los anteriores… ¿Lo has invitado tú?

Autor: No sé… No me suena nada.

Tu Mejor Tú: Espera… Voy a buscar en la Monstruopedia…

Señor del olvido: Ayudarme… Enga, ¿arguien zabe qué hago aquí?

Tu Mejor Tú: Amigo, no te muevas… Que te estoy ubicando…

Señor del olvido: Pero ziyo toy mu quieto…

Tu Mejor Tú: Señor del olvido. Aquí está. Es el Monstruo del Olvido. El que nos hace olvidar lo más importante.

Señor del olvido: , claro… Zi ahora tendré yo la curpa de vueztro arzheime…

No.

Señor del olvido es un monstruo del autosabotaje que no tiene nada que ver con el alzhéimer. Ni con ningún otro problema típico de memoria.

No es responsable de que olvides cosas como dónde has dejado las llaves o la lista de reyes godos.

Sólo las más importantes.

Chica curiosa: ¿Las más importantes?

Tu Mejor Tú: Las que podrían tener un impacto muy positivo y duradero sobre tu vida.

Autor: ¿Te suena de algo?

Chica curiosa: No sé…

Tu Mejor Tú: Espera. Tómate esto.

Chica curiosa: ¡Glups! Esto… ¿Las claves de poder?

Tu Mejor Tú: ¡Bien!

Autor: Sí. Parece que la pócima ya está haciendo efecto.

Tu Mejor Tú: ¡Tu turno, pollito!

Pollitortuguita: ¿Es de chocolate?

No.

Aunque podría serlo. Y tendría exactamente el mismo efecto.

¿Nos sigues?

Santa Claus es un señor disfrazado con barba postiza.

El Ratoncito Pérez, una historia que te contaron para que te hiciera ilusión perder dientes de pequeño.

Y las pócimas mágicas no existen.

Lo único que realmente puede ayudarte a mantener a Señor del olvido a raya es cobrar conciencia de su amenaza, tomar medidas y permanecer alerta.

De hecho, ¿acaso no es él la razón por la que escribimos en este lugar?

¿No es conocer su existencia…

lo que nos incita a plasmar este conocimiento en un formato perdurable?

Y también es lo que debe animarte a ti a repasar esta Psicología del Éxito una y otra vez.

O mejor aún: a aplicarla día y noche. Y enseñarle a otros lo que aprendas con ella.

Chica curiosa: Para aumentar el índice de retención, ¿verdad?

Autor: Así es.

Tu Mejor Tú: Y poner a Señor del olvido en su sitio.

Chica curiosa: Me cuadra. Un profesor mío decía que a las dos semanas sólo retenemos el 10 % de lo que leemos.

¿Te resulta esa idea familiar? Seguramente, sí.

Puede que, incluso, te hayas tropezado alguna vez con una pirámide del aprendizaje como ésta:

O esta:

Ambas hacen referencia al grado de retención de lo aprendido al cabo de un tiempo relativamente breve. A menudo, dos semanas.

Y ¿sabes qué?

Son falsas.

Se inspiran en el célebre cono de la experiencia, de Edgar Dale:

Y si bien es cierto que el trabajo de este pedagogo defiende que el aprendizaje activo (hacer y decir) es más eficaz que el aprendizaje pasivo (ver y escuchar), también lo es que se ha usado para generar gráficas más falsas que el muslo de pescado.

De hecho, Dale jamás añadió cifras a su cono de la experiencia.

Y además, él mismo aclaró que debía ser siempre tomado con mucha precaución.

Chica curiosa: ¿Entonces? ¿Ignoro por completo las pirámides?

Tu Mejor Tú: No.

Son simplistas, reduccionistas, exageradas y sus cifras carecen de respaldo.

Pero hay algo de verdad en ellas.

Y si te animan a interiorizar nuestras enseñanzas desde tantas vías como puedas, no las lances a la hoguera todavía.

Chica curiosa: Me sirven, me sirven.

Autor: Perfecto.

¿Te queda claro entonces que, para interiorizar lo que estás aprendiendo, necesitas combinar el aprendizaje pasivo con el activo?

Pues hazlo de tantas formas como puedas.

Una de las más sencillas es abrazando la idea de que:

Aprenderás lo que enseñes.

Así que hazte un maestro de lo que quieres aprender.

Pollitortuguita: ¿Cómo?

Tu Mejor Tú: Enseñando lo que aprendes.

A tantas personas como puedas y de la mejor forma que puedas.

Es decir, esfuérzate por que ellos entiendan bien aquello que tratas de interiorizar.

Chica curiosa: ¿Y si es un rollo para ellos?

Autor: Parte del reto es hacerlo divertido.

Lo ideal es que las personas a las que les enseñas ni siquiera tengan la sensación de que les estás dando una clase.

¿Tu meta?

Que se zambullan en tu película. Han de vivirlo. Divertirse.

Cuanto más pedagógico y divertido lo hagas, más lo asimilarás tú.

Pollitortuguita: ¿Y si no tengo claro lo que quiero aprender?

Autor: Empieza por estos principios.

Pollitortuguita: ¿Qué principios?

Tu Mejor Tú: Los de la psicología del éxito.

Porque lo que tienes en tus manos no es un manual de superación, en el sentido ordinario de la palabra. Es una aventura.

No es algo que has de leer, sino algo que has de vivir.

Por eso, además de enseñarlo:

Te recomendamos que lo conviertas en tu página web de cabecera.

Ponlo a prueba.

De verdad, te invitamos a ello.

Somételo una y otra vez al test de la vida real. Y regresa a él tanto como te haga falta.

Aunque en “Cómo potenciar tu aprendizaje” volveremos sobre esta estrategia, ¿por qué no beneficiarte de aplicarla desde ya? Sólo así serás capaz de evitar que El Señor del olvido te pierda el respeto.

Pollitortuguita: Vale, pero… Hay algo que no entiendo del Señor del olvido.

Señor del olvido: ¿Er qué, mi arma?

Pollitortuguita: ¿Por qué tiene dos cabezas?

Señor de lo extraviado: Pibe… ¡Mirá que podés ser ofensivo!

Pollitortuguita: ¡Toma ya! ¡La otra cabeza también habla!

Señor de lo extraviado​: A vos sho no te insulté… ¿Por qué me shamás “cabeza”?

Chica curiosa: ¡Y se ofende con acento porteño y todo!

Pollitortuguita: Sí… ¿Por qué se ofende la otra cabeza?

Tu Mejor Tú: No, no es otra cabeza, Pollitortuguita.

Pollitortuguita: ¿Ah, no?

Autor: Se trata de Señor de lo extraviado​, el hermano siamés de Señor del olvido.

Chica curiosa: ¿Y cómo es que una tiene acento andaluz, y la otra, argentino?

Tu Mejor Tú: Eso tampoco lo entiendo.

Autor: Bueno, en una obra maestra tampoco tiene todo que tener sentido. 

Lo importante aquí es entender cómo te puede sabotear Señor del extravio. Así podrás estar siempre en guardia.

Chica curiosa: ¿Y cómo lo hace?

Autor: Te desvía.

Pollitortuguita: ¿Y eso?

Te aparta del camino que escogiste. Sin que te des cuenta.

Piénsalo.

¿Nunca has iniciado un hobby para desconectar que acaba convirtiéndose en algo absorbente y estresante?

¿Te ha pasado eso de emprender un proyecto con un propósito concreto que acaba arrastrándote a unos resultados opuestos a dicho propósito?

¿Dedicas tiempo y energía a algo que te aporta lo contrario a la razón por la que te metiste en ello en primer lugar?

Pues ahí lo tienes. Es Señor de lo extraviado​ en acción.

Mientras que Señor del olvido te impide recordar los principios importantes para triunfar en el juego de la vida, Señor de lo extraviado​ hace que olvides tu propósito externo por el que juegas.

Pollitortuguita: ¡Qué lío!

Autor: No, figura.

Simplemente repasa los capítulos “Claves de poder” y “El juego de la vida”.

Y verás que todo cuadra. Que:

1. Señor del olvido te sabotea haciéndote olvidar claves de poder para ganar en el juego.

2. Señor de lo extraviado​, haciendo que pierdas de vista la lógica externa al juego.

Chica curiosa: Vale, Señor de lo extraviado​ hace que me olvide de los porqués que en un principio me motivaron a hacer algo.

Señor de la desmotivación: Sí, es un fenómeno. Cuidádmelo mucho.

Señor del olvido: ¡Zí, claro! ¡Y a mí que me cuerguen, ¿no?!

Señor de las excusas: Para nada.

Señor del olvido. Gracias a tu trabajo, podemos nosotros hacer el nuestro.

Lo ves, ¿verdad?

Sin la labor de Señor del olvido, siempre contarías con el conocimiento necesario para hacer frente a los monstruos del sabotaje.

Y a su hermano Señor de lo extraviado tampoco lo pierdas de vista.

Déjate embaucar por él y es fácil que acabes dando lo mejor de ti en pos de una meta sin sentido.

Chica curiosa: Como tantísima gente.

Tu Mejor Tú: Sí.

Que, como ellos, malgastes tu vida movido por objetivos vacíos.

Propósitos que no te ofrecen nada de los que te daban tus porqués originales, a los que pueden terminar reemplazando.

Señor de la desmotivación: Esto no va a funcionar.

Chica curiosa: ¿El qué?

Señor de la desmotivación: La frecuencia ganadora. Es demasiado duro sintonizar con ella.

Pollitortuguita: Un poco sí…

Señor de la desmotivación: Da agobio sólo de pensarlo, ¿verdad?

Autor: ¡Bien, Señor de la desmotivación!¡

Señor de la desmotivación: ¿Por?

Autor: Eso es precisamente lo que vamos a aprender ahora.

Chica curiosa: ¿A agobiarnos?

Tu Mejor Tú: Sí. Pero de la forma correcta.

PDE-ML