Conócete a ti mismo

Rendimientos Decrecientes

Lo bueno siempre es bueno.
Hasta que te pasas.

La paella, por ejemplo.

Por si no lo sabes, los ingredientes principales de la paella valenciana suelen ser pollo, conejo, bachoqueta, garrofón…

…y la estrella principal: arroz.

Tanto es así que resulta imprescindible. Aunque cualquiera de los otros ingredientes es reemplazable, una paella sin arroz es simplemente inconcebible.

Jugando con ellos, un chef paellero puede producir cientos de estilos de paella. Paellas de marisco, paellas de verduras, paellas negras…

Pero siempre tienen arroz.

Chica curiosa: Está claro. El arroz es bueno para la paella.

Tu Mejor Tú: ¿Siempre?

Pollitortuguita: Claro.

Autor: En realidad, sólo hasta que alcanzas el punto de los rendimientos negativos.

Chica curiosa: ¿Cómo?

Pon que quieres dominar el arte de hacer paella. Y pon que la primera vez que lo intentas te quedas corto de arroz. Cuando la prueba, la gente te dice:

“No tiene casi arroz…”

En tu siguiente tentativa, añades un poquito más de arroz.

“Floja de arroz”, te dicen los expertos catadores de paella.

La próxima vez, añades más:

“No está mal, pero mejoraría con más arroz.”

La vuelves a hacer y la gente exclama:

“¡¡Increíble!! ¡¡Una superpaella!!”.

Llegados aquí, puedes sacar la siguiente conclusión:

Cuanto más arroz le echo, mejor me sale la paella. Por lo tanto, el arroz es bueno para la paella.

Ergo, si con x arroz me sale buena, con 2x de arroz me saldrá el doble de buena. Con 3x de arroz, el triple de buena.

Y así sucesivamente.

Pero sólo si eres un tanto merluzo.

A poco que no lo seas, intuirás que semejante razonamiento sólo puede llevarte a hacer paellas que den pena.

En otras palabras, intuirás la ley de los rendimientos decrecientes.

¿Por qué? Porque existe una proporción óptima de arroz.

Pollitortuguita: Una proporción óptima de arroz…

Autor: Sí, campeón. Tan pronto como la sobrepasas, te adentras en el oscuro territorio de los rendimientos negativos.

Chica curiosa: ¿Rendimientos negativos o decrecientes?

Tu Mejor Tú: Negativos.

Chica curiosa: No es lo mismo, ¿verdad?

No.

Volvamos a la paella.

Antes de llegar al punto óptimo de arroz, cada grano de arroz tendrá un efecto positivo sobre la paella, ¿verdad?

En cambio, una vez has llegado al punto de arroz, cada grano tendrá un efecto negativo, ¿correcto?

Chica curiosa: Hasta ahí, todo claro.

Autor: Pues a dicho efecto se le llama rendimiento negativo.

Chica curiosa: O sea, ¿cada grano que echo de más tiene un rendimiento negativo?

Tu Mejor Tú: Exacto. Empeora la paella.

Chica curiosa: ¿Y qué es el rendimiento decreciente?

El rendimiento decreciente se refiere a cómo, incluso antes de llegar al punto de rendimiento negativo, se alcanza un momento en que el efecto positivo de cada grano de arroz es cada vez menor.

Para que lo entiendas, imagina que la paella óptima tiene en total 1.000 granos de arroz.

¿Cuáles se van a notar más? ¿Los primeros 500 granos o los últimos 500?

¿Y qué nos dices de los últimos 100? ¿Y de los últimos 10?


A medida que te acercas al punto óptimo, cada grano de arroz mejora menos la paella. Su impacto positivo es menor.

Señor de la desmotivación: ¿Y qué más me da saber esto?

Autor: Puede darte grandes ventajas en la vida.

Señor de las excusas: ¿Cómo? El punto óptimo de arroz es el punto óptimo de arroz.

Efectivamente, cuando se trata de una paella tu única preocupación ha de ser no cruzar la línea de los rendimientos negativos.

En otras palabras, cuanto más te acerques al punto óptimo de arroz, mejor.

En cambio, cuando hablamos de otros recursos, como tus fuentes de poder, la cosa cambia.

Chica curiosa: Mi tiempo, mi dinero y mi cuerpo.

Tu Mejor Tú: Sí. Cosas valiosas.

Pollitortuguita: No os sigo.

Autor: Tu deporte era el fútbol, ¿verdad?

Pollitortuguita: Sí. Soy “la crem de la crem”.

Tu Mejor Tú: Perfecto. Imagina que quieres ser el próximo Leo Messi o el siguiente Cristiano Ronaldo. ¿Qué habilidades necesitas?

Pollitortuguita: Regateo, control del balón, velocidad, visión…

Tu Mejor Tú: Vale, centrémonos un momento en tu velocidad.

Autor: En el caso de la velocidad, cuanto más rápido, mejor, ¿verdad?

Pollitortuguita: Claro.

Autor: O sea, que nunca llegaríamos al punto de rendimientos negativos.

Pollitortuguita: ¿Cómo?

Tu Mejor Tú: Pues que correr a 34 km/h es mejor que a 33 km/h. Y 36 km/h, mejor que 34 km/h. No pasa como con el arroz. Aquí, cuanto más, mejor, ¿verdad?

Pollitortuguita: Eso parece, míster.

Autor: Y por tanto, podría pensarse que, cuanto más entrenes para correr rápido, mejor, ¿verdad?

Pollitortuguita: Pues…

Pues no.

Si fueses un sprinter y pretendieses humillar a los mayores velocistas de la historia, como Carl Lewis o Usain Bolt, podría ser una buena estrategia. Pero ¿siendo futbolista?

Quizás el esfuerzo que te lleva pasar de 30 km/h a 35 km/h vale la pena. Pero ¿crees que será tan fácil pasar de 35 km/h a 36 km/h?

¿Y de 36 km/h a 37 km/h?

Teniendo en cuenta que los campeones de cien metros lisos se mueven en torno a los 37 km/h, está claro algo:

Cuanto más te acerques a esta velocidad, menos rendimientos obtendrás por cada unidad de esfuerzo invertido.

Pollitortuguita: ¿Cómo?

Autor: Muy simple.

Supón que pasar de 30 km/h a 31 km/h te cuesta, digamos, un mes con tres horas de entrenamiento a la semana. Pues si eso es así, cosa que desconocemos, te podemos garantizar que pasar de 36 km/h a 37 km/h te llevaría mucho más.

Y como tu objetivo en este caso no es ser velocista sino futbolista, ¿a partir de qué punto empieza a resultarte más rentable dedicar más tiempo y esfuerzo al resto de habilidades que a la velocidad?

¿Recuerdas lo que aprendimos en “Potenciador y limitante”? En la vida, todo cuenta.

Pollitortuguita: Casi lo entiendo, pero yo es que soy de ver las cosas.

Tu Mejor Tú: Pues mira esta gráfica.

Es sólo un ejemplo, pero lo importante es que entiendas que la ley de los rendimientos decrecientes se puede aplicar a muchas áreas de tu vida.

Señor de las excusas: Pues ya va siendo hora de que lo demostréis.

Señor de la desmotivación: Sí. Porque de momento sólo habéis hablado de paella y fútbol.

Autor: Muy bien. Hablemos de salud.

Tu Mejor Tú: ¿Hay algo más importante que la salud?

Señor de las excusas: Según vosotros, no. Cuerpo G, cerebro G… y todas esas chorradas.

Chica curiosa: Sí, sí… Sin salud, todo lo demás… como que no.

Estamos de acuerdo.

Tu cuerpo es probablemente la fuente de poder más importante, ya que es condición necesaria de todas las demás.

De hecho, también estaremos de acuerdo en que cuanta más salud tengamos, mejor.

¿Correcto?

Chica curiosa: Correcto. A más salud, más bienestar, más energía, más capacidad… Más de todo.

Autor: Entonces, ¿qué pasará si dedicas al cuidado de tu salud un porcentaje cada vez mayor de tus recursos?

Chica curiosa: Pues que me sentiré cada vez mejor y obtendré mejores resultados en la vida.

Tu Mejor Tú: ¿Estás segura?

Autor: Si dedicas cada vez más tiempo y más recursos a potenciar tu salud, ¿no crees que también alcanzarás un punto de rendimientos decrecientes?

Incluso con la salud, el tesoro más preciado de la vida, llega un punto de inflexión. Jamás vas a alcanzar un punto de rendimientos negativos. Pero sí un punto de rendimientos decrecientes.

Un punto a partir del cual, si le dedicas demasiado tiempo, dinero y energía, puedes descuidar tus otras fuentes de poder también vitales. Algo que, a la larga, podría tener efectos contraproducentes.

De hecho, conocemos a gente así. Personas que han llevado al extremo el cuidado de la salud olvidándose de su dinero y de su tiempo. Aunque todo lo que hacen está bien y es bueno para su salud, llega un punto en el que…

Su cuerpo ha dejado de estar al servicio de su vida.

Su vida ha pasado al servicio de su cuerpo.

De ahí nuestro lema cuando hablamos de un cuerpo G:

No es la persona dedicada al cuerpo.

Es el cuerpo dedicado a la persona.

Tenemos un amigo que renunció a una importante promoción profesional porque el proceso de formación le obligaba a pasar un mes fuera de casa y a comer en restaurantes.

¿Realmente demostró inteligencia integral?

¿Podría debatirse que su obsesión por la salud le llevó incluso a obtener rendimientos negativos?

No vamos a entrar en detalles, porque éste es un tema muy polémico. Además, resulta extremadamente complicado decidir dónde hay que trazar la línea.

Lo que sí podemos decirte, porque lo hemos comprobado en nuestras carnes, es que…

…siempre te puedes cuidar más.

Y siempre puedes dedicarle más tiempo, dinero y energía a tu salud.

Si la salud te apasiona tanto como a nosotros, estarás de acuerdo en esto. Igual que siempre se puede ganar más dinero, siempre puedes hacer más por tu cuerpo.

E incluso en un área tan sagrada como ésta, se puede cruzar la línea de los rendimientos decrecientes.

Chica curiosa: ¿Y dónde está esa línea?

Autor: Dependerá de tu situación personal.

Cuando estás enfermo, la cantidad inteligente de tiempo y de recursos que has de dedicar a tu salud es mayor que si eres un manantial de energía y bienestar.

Si nadas en dinero y te sobra el tiempo, de nuevo, es ganador destinar un mayor porcentaje de tus recursos a desarrollar esta fuente de poder que si están a punto de embargarte.

¿Y por qué te ponemos un ejemplo tan extremo como la salud?

Porque, si puedes entenderlo con esto, puedes entenderlo con todo lo demás.

Pollitortuguita: ¿Tiene que ver con ligar también?

Tu Mejor Tú: Claro que sí.

Autor: Por ejemplo, conozco a personas que, tras leer mis libros, se obsesionan con convertirse en maestros de la seducción.

Igual que el futbolista que se obsesiona sólo con la velocidad, o el regate, o el control de la pelota, no están demostrando inteligencia integral.

¿Quieres desarrollar habilidades sociales y emocionales para tener más éxito en el amor? Genial.

Si tu nivel en estas habilidades es muy bajo, te va a resultar altamente rentable invertir tiempo y energía en desarrollarlas.

Pero a partir de cierto nivel, va a empezar a ser más sensato desarrollarte en otras áreas de tu vida. Incluso si tu principal objetivo era atraer a la clase de personas que te atraen.

Pollitortuguita: Pero entonces, cuanto más aprenda cómo seducir a Marga, ¿no es mejor?

Autor: En absoluto.

Y ése es el problema de mucha gente: que confunde la línea de los rendimientos negativos con los rendimientos decrecientes.

Piensan que, cuando algo es siempre bueno, su tiempo y esfuerzo están bien invertidos en generar más de ello.

Pero olvidan que existe la línea de los rendimientos decrecientes. Y que, tan pronto como la cruzas, tus recursos seguramente empiezan a estar mejor invertidos en otra cosa.

Por ejemplo, si hablamos de amor o éxito sexual, es importante que entiendas algunas cosas básicas para sacarte el máximo partido cuando interactúas con una persona que te gusta.

Ahora bien, una vez conoces los mecanismos de atracción y has desarrollado ciertas habilidades, comienza a ser más sinérgico hacer otras cosas.

Quizás ya no importa tanto qué haces cuando estás con esa persona como lo que haces cuando no estás con ella para convertirte en la clase de hombre o de mujer que atrae a esa clase de individuos.

A partir de ese punto resultará más sinérgico hacer cosas como ir al gimnasio, aprender a tocar un instrumento, trabajar en ese proyecto profesional que puede cambiar tu vida, dedicarte a actividades que te apasionan o aumentar tus niveles de energía.

Perseguir tus sueños, aumentar tus fuentes de poder… Esas cosas.

Pollitortuguita: Entonces, estudiar seducción… ¿es malo?

Autor: No. Siempre que no te pases.

Señor de la desmotivación: ¡Y lo dice este señor!

Señor de las excusas: Sí, nada menos el que ha escrito cuatro libros sobre el tema…

Autor: Por eso sé muy bien de lo que hablo.

La psicología sexual y las habilidades sociales son materias apasionantes cuando quieres aumentar tu éxito con las personas que te atraen.

¿El problema? Cruzar la línea de los rendimientos decrecientes.
Convertirte en un
friki de la seducción o sargeator.

En…

… alguien obsesionado con QUÉ HACE o QUÉ DICE
cuando le saldría más rentable trabajar en QUIÉN ES.

Pollitortuguita: O sea que quien soy es importante para ligar, ¿no?

Autor: Crucial.

Chica curiosa: Pero hay auténticos fueras de serie en la vida que no se comen una rosca…

Son ellos los que, para mejorar su éxito sexual y emocional, necesitan estudiar la ciencia de la seducción.

Inversamente, hay gente con habilidades seductoras que triunfaría más en el amor si se desarrollase como persona.

¿Entiendes la diferencia?

En “El juego de la vida” aprendiste que:

La vida es un conjunto de juegos interconectados. Que, por consiguiente, no basta que domines uno u otro juego de los muchos de los que participa. Has de jugar bien en su globalidad.

Que, como en los juegos de crossfit, no basta con desarrollar una habilidad concreta. Que has de cultivar varios talentos, coordinarlos y estar preparado para lo que pueda surgir.

O sea, que necesitas inteligencia integral.

Porque existe un punto de equilibrio en todo.

Una proporción óptima entre los recursos que dedicas a desarrollar cada faceta importante de tu existencia.

Dicha proporción puede ir variando con el tiempo, pero en cada momento de tu vida existe lo que llamamos un punto de máxima sinergia.

Chica curiosa: ¿Máxima sinergia?

Tu Mejor Tú: Es un ideal, una referencia.

Autor: El punto que alcanzarías cuando invirtieses tus recursos de la forma más inteligente posible.

Para detectarlo, has de ser capaz de mirarte fríamente en el espejo y asesorarte como lo haría un profesional.

Sin vincularte demasiado emocionalmente. Sin engañarte.

Como un estratega.

Chica curiosa: ¿Un estratega del logro?

Sí.

Como un científico del éxito.

PDE-ML