Conócete a ti mismo

Locus De Control Interno: Parte 2

Tenía al mismísimo Dios de su parte.

Cuando trates de desarrollar un locus de control interno, no nos vengas con que no has oído la voz del Todopoderoso animándote. Tanto si eres ateo como un firme creyente, no queremos excusas.

Pues:

Si necesitas a Dios para darle sentido a tu filosofía, no tienes una filosofía. Tienes otra religión.

Señor de las excusas: Vale, pero lo que no estáis diciendo es que alguien con un locus de control interno también se puede equivocar.

Tu Mejor Tú: Por supuesto que sí.

Señor de la desmotivación: ¿Para qué desarrollarlo entonces? Te puedes equivocar igual.

Autor: ¿Y?…

Alimentar un locus de control interno no va de tener razón o no.

No se trata de que tus criterios, valores o emociones se adapten más que los del resto de los mortales a la realidad.

Acéptalo: un locus de control interno no te blinda del error.

Te puedes equivocar como el que más.

Por eso, tampoco significa no atender a razones si éstas te resultan convincentes a ti.

Ni mantener tu opinión a toda costa cuando la evidencia te demuestra que te estás equivocando.

Señor del ego: ¿Cómo que no?

Tu Mejor Tú: No. Y te has vuelto a adelantar.

Señor del ego: Pues esa suerte que tenéis.

Tu Mejor Tú: Desaparece. Que no te vea el Autor.

Señor del ego: Ya me voy. Pero mantener tu opinión es tener lo que hay que tener.

No. Eso sería anteponer tu ego a tu interés.

Y el locus de control interno no va de eso.

Va de emanciparte emocionalmente.

De adquirir un mayor poder sobre tus emociones y, por tanto, también sobre tus acciones. Y, en última instancia, tu destino y tu felicidad.

A medida que lo desarrolles, las decisiones que tomes irán cada vez más enfocadas a satisfacerte a ti. No a satisfacer a otros.

Dejarás de ser un pelele emocional. No te desviarás tanto de tu camino para complacer o impresionar a otros. A su vez, eso se traducirá en que lograrás mucho más y llegarás más lejos.

Señor de la desmotivación: Muy bonito cuando no te tienen agarrado por los genitales.

Tu Mejor Tú: ¿Cómo?

Señor de las excusas: Sí. ¿Qué pasa si tu meta es sacarte unas oposiciones?

Señor de la desmotivación: Ahí estás totalmente a la merced de un resultado externo.

Y no hay locus de control interno que valga, ¿verdad?

Pues no.

¿Qué es lo que haría un ganador en semejante situación?

Chica curiosa: ¿Aplicar el filtro ganador?

Tu Mejor Tú: Así es.

De esa forma, tomando el control sobre tu interpretación de la situación, dónde pones tu atención y qué haces al respecto, refuerzas tu locus de control interno. A corto y a largo plazo.

Señor de la desmotivación: Demasiado abstracto.

Pollitortuguita: Sí… ¿Algún ejemplo, míster?

Autor: Claro. La técnica del garbanzo.

Chica curiosa: ¿Es broma?

Eso es lo que suele decir la gente que no conoce…

…LA LEGENDARIA TÉCNICA DEL GARBANZO.

Sin embargo, se trata de una técnica muy simple, práctica y, con ligeros ajustes, aplicable a multitud de casos. Es una de nuestras favoritas porque nos permite explotar varios de los principios que aprenderás aquí de forma simultánea.

Entre ellos, nos ayuda a desarrollar un mayor locus de control interior casi desde el principio.

Señor de las excusas: Creo que os estáis escaqueando del tema de las oposiciones.

Señor de la desmotivación: Eso. ¿Acaso sirve para el pobre chaval que tiene que hacer tests psicotécnicos una y otra vez?

Tu Mejor Tú: ¿La verdad? Sí.

La verdad es que sirve prácticamente para todo.

Por ejemplo, apliquémosla a esos psicotécnicos. Bastará con que sigas estos sencillos pasos:

1. Escoge un bote vacío y dibuja una línea a la altura que consideres más potenciadora.
2. Encima escribe con rotulador indeleble o sobre una pegatina, esparadrapo, etcétera:

a. “El ejército me ama”.
b. “¿Qué sería de la policía sin mí?”.
c. “Esos cabronazos de niños me necesitan”.
d. “El rey de los incendios…”.
e. (Lo que sea que te arranque una sonrisa y tenga que ver con la oposición para la que
te estás preparando).

3. Echa un garbanzo en el bote cada vez que le dediques media hora (o cierto número de tests completados).

Obrando así, le quitas importancia al resultado de las oposiciones y se lo devuelves al proceso.

Y logras algo de suma importancia:

Desear el paso intermedio con la misma pasión que la meta final.

Esto, que te recordaremos de nuevo en “Gana primero, lucha después” tiene un peso estratégico demoledor.

Pues… ¿acaso la mayoría de nosotros no es adicta a la gratificación instantánea?

Y si ésta sólo viene del resultado y dicho resultado está lejos… ¡date por crujido!

Al echar un garbanzo por cada pequeño paso que das, ya no te enfocas en aprobar o no aprobar esa oposición. Eso puede escapar más a tu área de influencia, pero en cambio:

Ir llenando ese bote de garbanzos es algo que depende enteramente de ti.

Chica curiosa: ¿Intuyo que eso me quitaría muchas preocupaciones?

Tu Mejor Tú: No lo dudes.

La ansiedad siempre se da en la medida en que sientes que hay cosas importantes que escapan a tu control.

Pero cuanto más actúas desde un locus de control interno, menor es el número y peso de dichos factores.

Por eso es tan poderosa esta técnica. No sólo te obliga a adoptar lo que pronto conocerás como “Estrategia de máximo poder”, sino que además hace que disfrutes más del proceso.

Volviendo al ejemplo, tu interpretación ya no será “una tarde entera haciendo tests”:

Sino “vamos a ver cuántos garbanzos echo en el bote esta tarde”.

Señor de la desmotivación: Aun así, el día del examen vas a experimentar muchos nervios y ansiedad.

Señor de las excusas: Claro. ¿Y si ese bote de garbanzos no era suficiente?

Señor de la desmotivación: ¿Y si el examinador es injusto contigo?

Señor de las excusas: O ese día te quedas en blanco…

Señor de la desmotivación: Porque te juegas la vida…

Ése es el problema. Porque… ¿de verdad te juegas la vida?

Repitámoslo. La ansiedad se alimenta de:

1. Lo que no controlas.
2. Lo que es importante.

Pero ¿qué pasa si cada vez controlas más cosas? ¿Y si las que no controlas son cada vez menos importantes?

Al centrarte en la estrategia de acumular garbanzos, te estás devolviendo el control. Si te equivocas con el tamaño del bote, ya sabes que otra vez has de usar otro más grande, o dos botes en lugar de uno.

Pollitortuguita: O garbanzos más pequeños.

Autor: Claro, crack.

Señor de los burros: Lo sigo viendo muy cutre.

Eso va a gustos.

Si los garbanzos no son lo bastante glamurosos para ti, reemplázalos por canicas, piedras de arroyo o lo que más te guste. Y en lugar de un bote de conserva, usa un elegante recipiente alargado de cristal.

Por lo que a nosotros respecta:

Puedes hacerlo con diamantes, si te lo puedes permitir.

Pero eso son minucias.

Lo esencial de esta estrategia es que, con ella, nunca dejas de estar en control.

Chica curiosa: Yo lo voy a hacer con canicas y un recipiente alargado de cristal.

Pollitortuguita: ¿Por?

Chica curiosa: Para escuchar el ruido del cristal cada vez.

Autor: Ésa es la actitud.

En este caso, al usar canicas y un cilindro estrecho y alargado, haces la experiencia de cada pequeño logro mucho más sensorial.

Y, entre nosotros: cuantos más sentidos impliques, mejor.

¿Acaso no se sirven del mismo principio las máquinas tragaperras para generar adictos y destruir vidas?

¿Por qué no hacerlo tú para construir la tuya?

Chica curiosa: Pues tengo otra idea.

Tu Mejor Tú: Seguro que es buena.

Chica curiosa: ¿Y si además del cilindro de cristal uso un recipiente mucho más pequeño que pueda llenar cada día?

Tu mejor Tú: Mejor aún.

Si te sirves de un recipiente que represente tu meta final y vas echando canicas en él, te resultará estimulante.

Pero, si en lugar de echarlas directamente, las viertes desde otro recipiente mucho más pequeño, ¿no crees que la gratificación de cada pequeño logro será todavía mayor?

Pollitortuguita: ¿Un recipiente que, si doy lo máximo en un día, se quede lleno del todo?

Chica curiosa: Sí, primo. Y cuando acaba el día lo vacías en el recipiente grande.

Captas la idea, ¿verdad? El principio que aplicamos siempre es el mismo:

Potenciar el paso intermedio.

Cuanto más experimentes con estos juegos, más formas se te ocurrirán de hacerlos divertidos y eficaces.

Y por favor, no permitas que la palabra “juego” te haga olvidar lo que estamos consiguiendo en realidad.

Chica curiosa: ¿Aumentar mi locus de control interno?

Tu Mejor Tú: Exacto.

Siempre hay algo que puedes hacer para mejorar. Y en ello es en lo que vas a volcar tu atención y tu acción, dándole a lo que ocurre la interpretación que más te potencia.

Chica curiosa: Filtro ganador.

Autor: Siempre.

Pollitortuguita: ¿Y qué interpretación es la que más me potencia?

Tu Mejor Tú: Desde luego, no la de que te va la vida en ello.

Por ejemplo, ¿cómo te afectaría sentir que no vas al examen para aprobar sino para demostrarte hasta qué punto has mejorado?

De nuevo, estás recuperando poder. Te estás devolviendo el locus de control.

Y, al centrarte en desafíos internos desde una estrategia inteligente que vela por darte la máxima oportunidad en el mundo externo, el miedo se convierte en estímulo.

Chica curiosa: Así persigo el objetivo interno del juego pero desde una lógica externa al mismo.

Pollitortuguita: ¿Cómo?

Autor: Repasa “El juego de la vida”.

Entre tanto, ¿te queda clara la idea general?

Un locus de control interno te potencia desde cualquier punto de vista. Acompañado de una buena estrategia, te permite quererte más. Y demostrártelo con hechos, no palabras.

Chica curiosa: Vale. Pero ¿no puede ser que me sienta mal ante lo que hagan otros aunque intente desarrollar ese locus?

Tu Mejor Tú: Claro.

Especialmente al principio.

Autor: El locus de control interno se forma lentamente.

Como un diamante.

Así que no esperes, ni mucho menos, empezar tu viaje ganador inmune a lo que hagan o piensen los demás.

Por ejemplo, cuando el chico o la chica que te gustan pasen de ti, no vas a experimentar un orgasmo.

Ni si te deja tu pareja. O te es infiel.

Tampoco cuando tu jefe no valora el trabajo que haces. Ni cuando el mercado no responde como esperabas ante ese producto o servicio nuevo que has desarrollado.

Pollitortuguita: Entonces, ¿qué hago?

Autor: Lo que un día me dijo un amigo:

Muchas veces, es mejor olvidar lo que uno siente y recordar lo que uno vale.

Chica curiosa: No se hable más. Tomo ese camino.

Pollitortuguita: A mí es que me deprime recordar lo que valgo.

Señor de la desmotivación: Sobre todo cuando ves a gente que te supera en todo, ¿verdad?

Pollitortuguita: Precisamente…

Tu Mejor Tú: ¿Cómo sabes que te superan en todo?

Señor de la desmotivación: ¿Porque obtienen mejores resultados en todo, quizás?

Pollitortuguita: Sí. Y con menos esfuerzo.

Autor: Resultados… A veces los mejores resultados tardan mucho en verse…

Tu Mejor Tú: Sí. ¿No te acuerdas de la semilla del éxito?

Pollitortuguita: ¿Qué era eso?

Chica curiosa: Primo, que la plantes y la riegues con fe.

Pollitortuguita: Ah, sí…

Chica curiosa: Y que el ganador es el elegido que se elige a sí mismo.

Pollitortuguita: Vale. Y mi superpoder. Pero…

Tu Mejor Tú: ¿Pero?…

Pollitortuguita: ¿Cuánto tiempo tengo que regar?

Tu Mejor Tú: El que haga falta. Es la única forma de saberlo…

Pollitortuguita: ¿De saber el qué?

Autor: La clase de semilla que has sembrado.

Si es un arbusto o un roble.

Pollitortuguita: No entiendo…

¿Cómo? ¿Qué no conoces la fábula del roble y el arbusto?

Pues sigue leyendo…

PDE-ML