Conócete a ti mismo

Canjea La Envidia Por Admiración

Es tan estúpido admirar a un hombre por algo
que otro hombre no puede desarrollar,
como dejar de admirarlo por aquello que sí se
puede cultivar.

¿Te ha quedado claro?

Las comparaciones no sólo son odiosas. Cuando se hacen sin un fin científico y dejamos que nos afecten emocionalmente, son tramposas.

Te hemos explicado cómo se compara un ganador. Y es algo que harás para obtener mayor feedback y para aprender.

Pollitortuguita: O sea, no para sentirme bien o mal, ¿no?

Tu Mejor Tú: Exacto.

Jamás para cambiar tu estado de ánimo.

Tanto si te perjudica como si sales bien parado, vincular tu grado de satisfacción al resultado de una comparación es traicionar el amor que te debes.

Si te sientes mal al verte por debajo de alguien, puede que no estés premiando tu trabajo y progreso. Y si te sientes bien por sobrepasar a otros, ¿quién te dice que no lo estás haciendo mucho peor de lo que podrías?

Como un buen padre o madre, un ganador sabe cuándo ha de premiarse y cuándo ha de castigarse. Lo primero lo hará sin que se le suba a la cabeza. Y lo segundo, con amor.

Pollitortuguita: Entonces… ¿me tengo que premiar cuando me salen bien las cosas?

Autor: No te premies porque te salgan bien.

Tu Mejor Tú: Sino por hacerlas bien.

Ya lo sabes: un ganador jamás permite que los premios o castigos que se dan dependan de circunstancias externas, sino de su propio mérito.

No celebra que le den un aumento de sueldo. Celebra hacer lo necesario para merecerlo.

Y tampoco se castiga por fracasar. Se castiga cuando podría haberlo evitado.

Con esto claro, ¿tiene algún sentido la envidia?

Señor de las excusas: ¿Acaso tiene algo que ver?

Autor: Mucho.

Piénsalo.

¿Qué envidia exactamente el envidioso?

Si envidia al que tiene algo que no le ha supuesto esfuerzo alguno, olvida la esencia del éxito.

Chica curiosa: ¿La esencia del éxito?

Tu Mejor Tú: Que no hay éxito si no hay camino que te lleve a él.

El éxito no está tanto en lo que obtienes como en vivir intensamente la aventura que te lleva a ello.

¿Envidias al que le toca la lotería o tiene unos padres ricos? ¿Quizás a quien nace más guapo o con más talento?

Eso es como envidiar al que escala una montaña en helicóptero.

¿Acaso puedes comparar que te dejen en la cima de la montaña con la aventura de escalarla?

Pollitortuguita: Hombre, no es lo mismo…

Autor: ¿Cómo que no?

Vivimos en la era de los remedios exprés y de la gratificación instantánea.

Lo quiero aquí y ya: ¡Es que la vida se pasa volando!

Tu Mejor Tú: Hablando de volar… ¡Vuela de aquí!

Nos han enseñado a temerle tanto al proceso de conseguir algo, que olvidamos que, sin dicho camino, lo que obtenemos pierde la mayor parte de su aliciente.

Pregúntate:

¿Entrarías en el cine cuando está acabando la película?

Entonces, ¿por qué quieres conseguir tu meta sin las vivencias que te preparan para ella?

Asúmelo:

Si no te has esforzado por algo, no has vivido.

¿Entiendes?

Envidiar a alguien simplemente porque le ponen las cosas en bandeja es infantil.

Pero esto es algo que, si has conseguido algo valioso para ti después de luchar por ello, entiendes bien.

Y si no te ha ocurrido…,

¡ésa es la clase de logro que deberías anhelar!

Así que:

No envidies mis resultados.

Envidia mi esfuerzo.

Verás que, cuando logres algo tras luchar por ello, aquello que pensabas que es valioso cobra mucho más valor. ¿Y de dónde sale ese valor?

De la experiencia de perseguirlo.

Puedes darle la espalda a este hecho, pero… está en tus genes:

El agua sabe mejor con sed.

Como ya te dijimos (y te repetiremos las veces que haga falta):

La felicidad está en el proceso, en el esfuerzo.

Por eso, la ley del mínimo esfuerzo desemboca inexorablemente en la mínima felicidad.

Así que no seas otro de esos atrapados que se tragaron que lo mejor está al final.

Es otra mentira, y de las buenas.

No envidies el dinero fácil, el amor fácil, la belleza fácil. En general, no envidies el mal llamado “éxito” fácil.

Ya lo sabes. Es tan de tontos como envidiar al que, en lugar de disfrutar de la magia del cine, paga su entrada para meterse en la sala cuando está acabando la película.

¿En qué mundo puede esa persona sentir lo mismo que el que se implica en cada giro del argumento, vive cada plano y se deja arrastrar por la banda sonora?

Chica curiosa: ¿Y si envidio a alguien porque se esfuerza más que yo o de forma más brillante?

Autor: Entonces estás llamando envidia a lo que debería tener otro nombre.

Pollitortuguita: ¿Cuál?

Tu Mejor Tú: Admiración.

Cuando estés frente a alguien que sientas que es genuina y merecidamente mejor que tú, deja de envidiarlo y empieza a admirarlo.

Pollitortuguita: No entiendo. ¿Y eso?

Tu Mejor Tú: Uno, porque te sentirás mejor y no derrocharás energía no aceptando tu situación.

Autor: Dos, porque al admirar a alguien le envías una poderosa orden a MIA (Tu mente inconsciente) diciéndole que te dé recursos similares a los de esa persona.

Chica curiosa: ¿MIA otra vez?

Pollitortuguita: ¿Mi famosa prometida que nunca aparece?

Vale, nos hemos precipitado.

De momento quédate con que, cuando admiras a alguien por su mérito, te estás dando permiso a ti mismo para ser como él.

Mientras que cuando envidias te programas para fracasar, cuando admiras a alguien estás haciendo que una mano invisible te empuje en la dirección de obtener las cualidades que te fascinan de dicha persona.

Como siempre, un ganador no puede impedir lo inevitable. Pero sí gestionarlo mejor que un atrapado.

Chica curiosa: ¿Lo inevitable?

Tu Mejor Tú: Lo inevitable es que alguien genial en algo te provoque reacciones intensas.

Tú decides lo que hacer con ellas. Puedes convertirlas en un odio o repulsión irracionales o puedes usar su ganasolina para inspirarte.

Pollitortuguita: ¿Mi gasolina?

Autor: Olvídalo. Ya llegaremos a eso.

Ten claro que, cuando veas a un ganador, te conviene admirarlo.

Y nunca por lo que tiene, sino por lo que ha hecho para lograrlo.

Citando a Víctor Manuel Amela:

De los triunfadores no admiro su pedestal:

¡admiro el esfuerzo con el que han logrado subirse a él!

¿Lo tienes claro?

¡Canjea tu envidia por admiración!

Tu autocompasión, por agradecimiento.

Y en lugar de la suerte:

Admira el mérito y el esfuerzo.

Señor de la desmotivación: ¡Ooohhh! Conmovedor…

Señor de las excusas: Pero dudo que la mayoría de la gente esté lista para esto.

Autor: No lo está.

Tu Mejor Tú: Por eso has de estar preparado.

Chica curiosa: Preparada ¿para qué?

Para los envidiosos. Los que, cuando se enfrenten a tu grandeza, rajarán de ti.

Por eso sigue leyendo…

PDE-ML